Los investigadores demuestran que las cenizas volcánicas pueden fertilizar, reducir el CO2 y ayudar a las algas
Un estudio publicado en la prestigiosa revista Communications Earth & Environment demostró que las cenizas volcánicas de los Andes actuaron durante el Mioceno tardío como el principal motor de fertilización del Océano Austral, impulsando la productividad marina y contribuyendo al enfriamiento global que se produjo entre hace siete y cinco millones de años.
El trabajo, liderado por Barbara Carrapa de la Universidad de Arizona, combina modelos de dispersión de las cenizas, simulaciones del sistema terrestre y registros paleontológicos y geoquímicos de América del Sur para reconstruir, por primera vez de forma cuantitativa, el encadenamiento entre vulcanismo andino, productividad oceánica y ciclo del carbono.
¿Cómo las cenizas volcánicas fertilizan los océanos, duplican las algas y reducen el CO2?
El mecanismo es directo: las cenizas volcánicas contienen hierro, fósforo y silicio, tres nutrientes que en el Océano Austral están en concentraciones muy bajas. Cuando las cenizas se depositan sobre la superficie del mar, las algas microscópicas (sobre todo las diatomeas) experimentan un crecimiento explosivo.
Los modelos climáticos del estudio simulan una duplicación de la concentración de clorofila de las diatomeas en los dos años posteriores a cada pulso de ceniza.
Ese aumento de algas pone en marcha la bomba biológica del carbono: al morir, las diatomeas hunden materia orgánica hacia las profundidades, alejando el CO2 de la atmósfera.
Según las simulaciones del equipo, cuatro erupciones repartidas en 300 años generaron una absorción adicional acumulada de 470 teramoles de CO2, equivalente a una reducción de 0,66 partes por millón en cada ciclo volcánico de 75 años.
Las erupciones andinas que enfriaron el planeta hace millones de años
El estudio se centra en el Complejo Volcánico Altiplano-Puna, el mayor sistema de magma silícico activo del planeta, que vivió su periodo de máxima actividad entre hace ocho y cuatro millones de años.
Las supererupciones de ese intervalo proyectaron grandes cantidades de ceniza hacia el este, cruzando el Atlántico Sur hasta llegar al Océano Índico, siguiendo los vientos de altura subtropicales.
Los registros sedimentarios del fondo marino lo confirman. En sitios del Océano Austral analizados en el estudio, los picos de abundancia de diatomeas a seis millones de años y a 4,5 millones de años coinciden con las mayores erupciones conocidas.
El registro paleontológico añade otro dato llamativo: fue en esa misma época cuando las ballenas barbadas comenzaron a aumentar de tamaño, pasando de una longitud media de cinco metros a doce, un proceso que los autores vinculan al mayor alimento disponible gracias a la productividad impulsada por las cenizas volcánicas.
¿Qué papel podrían jugar las cenizas volcánicas en la reducción de CO2?
Para cuantificar los efectos a escala de milenios, el equipo usó el modelo de sistema terrestre cGENIE, diseñado para simular ciclos biogeoquímicos durante decenas de miles de años.
Los resultados muestran que un pulso de ceniza produce una bajada de cuatro partes por millón de CO2 atmosférico en solo 30 años. Si los pulsos se repiten cada 75 años, la caída acumulada alcanza las nueve partes por millón en los primeros dos mil años.
En el escenario más extremo, que combina ceniza volcánica con el incremento generalizado de polvo atmosférico documentado en el Mioceno, la reducción de CO2 llega a 15 partes por millón en 20.000 años. Una cifra que, trasladada al contexto actual, equivale a retirar de la atmósfera el efecto de varios años de emisiones industriales globales.
¿Por qué el vulcanismo podría tener un papel importante en el clima mundial?
El hallazgo del estudio no es solo paleoclimático. Apunta a que el vulcanismo jugó un papel mucho mayor del que se le atribuía en la regulación del carbono durante el Mioceno tardío, un periodo con similitudes respecto al calentamiento actual.
La investigación, publicada en abril de 2026, establece además un circuito de retroalimentación. Más ceniza significó más algas, más algas significó más alimento para las ballenas, y las ballenas amplificaron la fertilización al defecar hierro en superficie y hundir carbono al morir.
El Océano Austral (que hoy absorbe cerca del 40% del CO2 oceánico global) habría sido el escenario principal de ese proceso durante millones de años, según los autores, entre los que figuran investigadores de las universidades de Arizona, Wyoming, Colorado, Birmingham y Bremen, además de centros de Argentina y Chile.
Y bien, para concluir, la pregunta que el estudio deja abierta es en qué medida los volcanes actuales siguen ejerciendo esa misma función, de forma silenciosa, sobre los océanos modernos.