Energías limpias

Revolución industrial inminente: Finlandia prueba en España el primer motor a gran escala que funciona 100% con hidrógeno puro

hidrógeno puro
Motor Wärtsilä. Foto: Web oficial de Wärtsilä.
  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

El protagonista de la prueba y este artículo es Wärtsilä, multinacional finlandesa y uno de los grandes fabricantes mundiales de motores industriales. Recientemente, su laboratorio en Bermeo, un pueblo pesquero de unos 17.000 habitantes del País Vasco, fue el escenario del hito.

El motor que lo hizo posible se llama Wärtsilä 31H2. Contrario a lo que se creería, no es un motor que admite hidrógeno entre otros combustibles. Más bien, es uno diseñado para funcionar exclusivamente con él, en condiciones reales de operación, conectado a la red.

Así es el Wärtsilä 31H2: 9,8 megavatios de potencia y ni un gramo de CO₂

El W31H2 tiene sus raíces en la plataforma Wärtsilä 31, una familia de motores de cuatro tiempos que en su versión diésel llegó a ostentar el récord Guinness de eficiencia para motores de ese tipo.

Sobre esa base, la empresa desarrolló una variante que quema hidrógeno puro, con más de 1.000 MW de la plataforma ya instalados en todo el mundo y más de un millón de horas de funcionamiento acumuladas.

En su configuración de hidrógeno, el motor alcanza una potencia máxima de 9,8 MW (el equivalente a unos 13.000 CV) y tiene una longitud de casi nueve metros. El único residuo de su combustión es vapor de agua.

Los motores anteriores preparados para hidrógeno lo quemaban siempre en mezcla con otros combustibles. El W31H2 funciona con hidrógeno puro desde el principio. Si en algún momento no hay hidrógeno disponible, puede operar temporalmente con gas natural.

El ciclo del hidrógeno verde: guardar el excedente renovable para cuando no hay sol ni viento

Hoy podría afirmarse que la red eléctrica española tiene un problema de excedentes. En las horas de máxima generación solar y eólica, se produce más energía de la que el sistema puede absorber. Esa electricidad, si no se almacena o se exporta, se desperdicia.

El hidrógeno verde ofrece una respuesta directa. Esa electricidad sobrante alimenta electrolizadores que descomponen el agua en oxígeno e hidrógeno. El hidrógeno resultante se almacena, y puede guardarse durante días o semanas, mucho más que cualquier batería convencional.

Cuando el viento cae o el sol se pone y la demanda sigue siendo alta, el motor quema ese hidrógeno almacenado y devuelve electricidad a la red en cuestión de minutos. A diferencia de otras tecnologías de respaldo, puede ajustar su potencia de forma inmediata sin tiempos mínimos de arranque.

El ciclo es neutro en carbono: el combustible no procede del petróleo ni del gas natural, sino del agua y la energía renovable.

España fue elegida para la prueba por ser uno de los países europeos con mayor penetración de renovables y por tener el objetivo declarado de reducir su dependencia de los mercados de combustibles fósiles.

Para 2030, el mundo espera añadir unos 4.600 GW adicionales de capacidad renovable. El desafío de equilibrar esas redes eléctricas no hará más que crecer.

Lo que falta para que el hidrógeno dé el salto de Bermeo a la escala industrial

La validación en Bermeo resuelve la duda técnica más importante, pero no la única. Quemar hidrógeno es más complejo que quemar gas natural.

El hidrógeno combustiona más rápido y a mayor temperatura, lo que favorece la formación de óxidos de nitrógeno (NOx), contaminantes que requieren sistemas de postratamiento específicos.

El obstáculo mayor, sin embargo, no es técnico. Rasmus Teir, director de Estrategia Tecnológica de Wärtsilä, lo resumió con claridad: «La tecnología está lista. Ahora, el enfoque debe centrarse en crear el entorno adecuado para ampliarla a escala».

Los tres frentes que menciona son regulación que incentive el uso del hidrógeno, inversión en infraestructura de transporte y distribución, y una red de producción de hidrógeno verde a precios competitivos.

Si esas condiciones se cumplen, el mercado objetivo para motores como el W31H2 incluye centros de datos de inteligencia artificial, instalaciones industriales intensivas y comunidades sin conexión a la red.

El arranque comercial no depende ya de que la ingeniería funcione, porque la prueba de Bermeo lo confirmó. Depende de cuánto tardan el mercado y la regulación en ponerse al día.

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