Científicos de la UCO descubren en el río Guadalquivir que las bacterias podrían revelar contaminación oculta aunque la calidad del agua sea buena
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El río Guadalquivir es uno de los ecosistemas fluviales más importantes de Andalucía. Sin embargo, su aparente buen estado podría estar ocultando un problema que pasa desapercibido para los métodos de análisis convencionales.
Un estudio liderado por la Universidad de Córdoba (UCO) concluye que la composición de los microorganismos presentes en el agua es capaz de revelar alteraciones ambientales que los parámetros químicos habituales no consiguen detectar.
La investigación plantea un cambio de enfoque en la evaluación de la calidad del agua del Guadalquivir. En lugar de depender únicamente de indicadores físico-químicos, propone incorporar el análisis del microbioma fluvial para obtener una visión mucho más completa del estado real del ecosistema.
Los microorganismos se convierten en indicadores de la salud del río Guadalquivir
El trabajo ha sido desarrollado por los grupos de investigación Biología Molecular de Mecanismos de Respuesta a Estrés y Bioingeniería de Residuos: Ingeniería Verde de la Universidad de Córdoba, con la colaboración del grupo de Ecotoxicología, Ecofisiología y Biodiversidad de Sistemas Acuáticos del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN-CSIC).
Los investigadores analizaron los 657 kilómetros del cauce del Guadalquivir mediante una metodología que combina variables físico-químicas y biológicas. Se trata de un enfoque innovador que permite evaluar el estado del río desde una perspectiva mucho más amplia que la utilizada hasta ahora.
Para ello se estudiaron estos indicadores fundamentales:
- pH del agua.
- Oxígeno disuelto.
- Turbidez.
- Otros parámetros empleados para calcular el Índice de Calidad del Agua.
Los primeros resultados apuntaban a que el Guadalquivir mantiene, en líneas generales, una buena calidad del agua, con ligeros descensos en determinadas zonas. No obstante, cuando el equipo incorporó el estudio del microbioma fluvial, el escenario cambió de forma significativa.
Por qué la química del agua no siempre refleja el verdadero estado del ecosistema
Los investigadores explican que los análisis químicos presentan una limitación importante: muchas sustancias contaminantes aparecen en concentraciones tan bajas que resultan difíciles de detectar de manera individual.
El problema es que esos compuestos pueden interactuar entre sí y provocar efectos sobre los organismos vivos incluso cuando los valores permanecen dentro de los límites considerados normales.
En este contexto, los microorganismos actúan como auténticos sensores biológicos. Su composición cambia rápidamente ante cualquier alteración del entorno, ofreciendo una imagen mucho más precisa del impacto ambiental.
La investigadora Carmen Michán explica que el análisis biológico funciona como una especie de «radiografía» del ecosistema, ya que permite identificar alteraciones invisibles para los métodos químicos tradicionales.
El estudio detecta un deterioro progresivo del Guadalquivir hacia su desembocadura
Durante la campaña de muestreo, el equipo recogió muestras de agua en 20 puntos estratégicos del río al finalizar la estación seca, un periodo especialmente sensible para los ecosistemas fluviales debido al menor caudal.
Los resultados, publicados en la revista científica Journal of Contaminant Hydrology, muestran un deterioro gradual conforme el Guadalquivir avanza hacia su desembocadura. Los cambios son especialmente evidentes en los tramos medio y bajo del río.
Aunque esta evolución puede observarse en otras grandes cuencas hidrográficas, el estudio pone de manifiesto que existen alteraciones que pasan desapercibidas cuando únicamente se analizan parámetros físico-químicos.
Cambios en la biodiversidad bacteriana pese a que el agua parece estar en buen estado
Tras comparar los resultados, los científicos detectaron una diferencia llamativa entre los indicadores químicos y la información obtenida mediante el análisis microbiológico.
En algunos tramos altos y medios del Guadalquivir, donde los índices convencionales califican el agua como de buena calidad, la comunidad bacteriana presenta una pérdida importante de biodiversidad.
Además, aumenta la presencia de microorganismos oportunistas y resistentes, una señal que suele asociarse a ecosistemas sometidos a algún tipo de estrés ambiental.
Esta discrepancia confirma que el microbioma puede actuar como un sistema de alerta temprana frente a formas de contaminación difíciles de identificar mediante los métodos habituales.
La agricultura y el monocultivo podrían estar detrás de estas alteraciones
El estudio también detectó una elevada presencia de bacterias pertenecientes a la familia Comamonadaceae en zonas donde los indicadores químicos no reflejan problemas relevantes.
Aunque los investigadores todavía no pueden establecer una relación directa, consideran que existen varios factores que podrían explicar este fenómeno.
Éstas son algunas de las posibles causas:
- La intensa actividad agrícola en la cuenca.
- El predominio del monocultivo del olivar.
- La entrada de agua procedente de distintos afluentes con características diferentes.
Todos estos elementos podrían incorporar compuestos que modifican el equilibrio del microbioma sin llegar a superar los límites químicos establecidos por los sistemas tradicionales de control.
Un nuevo modelo para vigilar la calidad del agua del Guadalquivir y de otros ríos europeos
Para los autores del estudio, este enfoque podría convertirse en una herramienta de gran utilidad para mejorar la gestión de los recursos hídricos.
Arturo Chica, integrante del equipo investigador, defiende, en declaraciones recogidas por Phys.org, que la elaboración de mapas de riesgo basados en el microbioma permitiría identificar amenazas ambientales antes de que sus efectos fueran irreversibles.
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