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En las aguas de Queensland, en la costa este de Australia, un grupo de investigadores de la University of the Sunshine Coast ha grabado cómo los delfines mulares indo-pacíficos utilizan conchas marinas para atrapar peces. Este comportamiento, conocido como «shelling», demuestra la capacidad de estos animales para utilizar herramientas que tienen a su alcance y, según las evidencias obtenidas, podría tratarse de una técnica que se transmite de una generación a otra.
El hallazgo, recogido por ScienceAlert, tuvo lugar durante una expedición en la bahía de Hervey. La científica Alexis Levengood, especializada en comportamiento animal, explicó lo siguiente: «estábamos realizando nuestras encuestas habituales de delfines, observando su comportamiento y su estado de salud, cuando vimos a una hembra levantar una concha del agua».
Un hallazgo ‘insólito’ sobre los delfines
Hasta ahora, esta técnica de caza sólo se había documentado en la zona de Shark Bay, en el oeste de Australia. Ahora, la nueva grabación aporta la primera evidencia de que los delfines de la costa oriental del país también recurren al «shelling».
La técnica consiste en perseguir a un pequeño pez hasta conseguir que se refugie en una concha vacía. Una vez dentro, el delfín introduce el hocico en la abertura, eleva la concha por encima de la superficie y finalmente engulle al pez atrapado. No todos los ejemplares desarrollan esta habilidad, ya que requiere localizar las conchas adecuadas, manipularlas con precisión y conseguir extraer la presa con éxito.
La investigación, publicada en la revista Marine Mammal Biology, detalla que las imágenes muestran a una hembra adulta y a su cría realizando la técnica de forma consecutiva. «Vimos primero a la madre levantar la concha, vaciar el pez y, poco después de dejarla caer, la cría la recogió e imitó el mismo movimiento», explicó Levengood en declaraciones recogidas por ScienceAlert. La actuación del ejemplar más joven refuerza la posibilidad de que esta habilidad se puede transmitir de generación en generación.
Sin embargo, la transmisión de esta conducta parece que no se limita al ámbito familiar. Estudios anteriores realizados en Shark Bay ya habían señalado que los delfines pueden aprender la técnica observando a otros miembros de su grupo. «Todo lo que hace falta es que un delfín haga algo ingenioso y que sea fácil de aprender para que la conducta se propague», apuntó Levengood.
Anillos de lodo en Florida
En las aguas de Florida, los delfines mulares han desarrollado una estrategia de caza tan llamativa como sofisticada: el conocido «anillo de lodo». La técnica fue documentada por primera vez en 2005 por la investigadora Stefanie Gazda, de la Universidad de Florida, quien descubrió que estos animales eran capaces de generar un círculo de sedimentos para acorralar a los peces.
El procedimiento comienza cuando el delfín golpea el fondo marino con la cola y provoca que una nube de barro ascienda hasta formar un anillo. Los peces que quedan atrapados en el interior de esta especie de «red de lodo» se asustan y tratan de escapar saltando fuera del agua. Es precisamente en ese momento cuando los delfines aprovechan para capturarlos con mayor facilidad. Este comportamiento se ha observado tanto en grupos como en ejemplares que cazan de manera individual.
Los delfines de Florida también destacan por su capacidad para cooperar cuando cazan en grupo. La investigadora Stefanie Gazda de la Universidad de Florida explicó a National Geographic que, en estas situaciones, uno de los ejemplares puede asumir el papel de líder y conducir al banco de peces hacia una barrera formada por otros miembros del grupo.
Esta especie de «pared» de delfines permite concentrar a las presas en un espacio reducido, facilitando que los diferentes ejemplares puedan capturarlas. La coordinación resulta fundamental, ya que cada animal desempeña una función concreta y la estrategia permite aprovechar mejor los recursos disponibles.
Claves de su inteligencia
En algunas especies de delfines, el cerebro puede alcanzar un tamaño medio superior al humano en términos absolutos. Esta característica, unida a la complejidad de su estructura cerebral y a sus avanzadas capacidades de comunicación, aprendizaje y resolución de problemas, ha convertido a los delfines en uno de los animales más inteligentes del mundo.
Los delfines destacan no sólo por su inteligencia, sino también por tener capacidades que se consideraban propias y exclusivas del ser humano. Entre ellas se encuentra su extraordinaria capacidad de comunicación. Al igual que ocurre con otros cetáceos, como las ballenas, estos animales cuentan con un complejo sistema basado en chasquidos, silbidos y diferentes sonidos.
Diferentes investigaciones han demostrado que los seres humanos no somos los únicos animales capaces de identificar simbólicamente a otros miembros de nuestra especie mediante una señal individual. En el caso de los delfines, se ha observado que utilizan determinados silbidos característicos para dirigirse unos a otros, de forma similar a lo que ocurre con los nombres propios entre las personas. Cada ejemplar puede desarrollar un silbido distintivo que permite identificarlo y reconocerlo dentro de su grupo.