Ciencia
La Tierra

El campo magnético de la Tierra se ha desplazado más de 2.250 kilómetros y los científicos de todo el mundo están en alerta

  • Aitana Pascual
  • Aitana Pascual Cuesta (2001) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid desde el 2023. Escogió esta profesión por su gran vocación con la comunicación y la escritura. Hoy en día, tiene mucho interés por la historia, deportes y actualidad. Su principal objetivo es seguir formándose y aprender a contar los sucesos de forma clara y rigurosa.

La Tierra está cambiando constantemente bajo nuestros pies, aunque la mayoría de las personas no lo perciba. Uno de los fenómenos más sorprendentes ocurre en el campo magnético terrestre, donde la gigante barrera invisible protege al planeta de gran parte de la radiación que viene del Sol. Durante las últimas décadas, el polo norte magnético ha recorrido más de 2.250 kilómetros desde el Ártico canadiense en dirección a Siberia, un desplazamiento que ha obligado a científicos de todo el mundo a revisar y actualizar los sistemas de orientación que se utilizan en todo el mundo.

Fenómeno que comenzó hace un siglo

Los científicos siguen la posición del polo norte magnético desde 1831. Desde entonces, su movimiento ha sido constante, pero en las últimas décadas se aceleró de forma notable. Entre 1990 y comienzos de los 2000 llegó a desplazarse a velocidades superiores a los 50 kilómetros anuales, aunque recientemente el ritmo ha bajado aproximadamente a los 35 kilómetros por año.

Este comportamiento ni está relacionado con el cambio climático ni con movimientos de la corteza terrestre. Su origen se encuentra a más de 2.800 kilómetros de profundidad, en el núcleo externo del planeta, donde las enormes masas de hierro líquido crean el campo magnético mediante difíciles movimientos de convección.

¿Por qué preocupa a los científicos?

La noticia puede sonar alarmante, pero los expertos explican que el desplazamiento del polo magnético no implica una amenaza inmediata para la humanidad. Lo que sí genera es una preocupación por su impacto sobre los sistemas de navegación modernos.

Brújulas, aeronaves, barcos, submarinos, satélites, aplicaciones móviles e incluso algunos sistemas militares utilizan unas referencias basadas en el campo magnético terrestre. Cuando el polo cambia de posición, esos sistemas deben recalibrarse para evitar errores de orientación que, en trayectos largos, pueden acabar con grandes desviaciones.

Por este motivo, instituciones como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), el British Geological Survey y otros organismos internacionales de navegación actualizan periódicamente el denominado World Magnetic Model (WMM), el modelo magnético de referencia que se utiliza en gran parte del planeta.