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Así es el cráter que dejó un cohete abandonado de SpaceX al chocar contra la Luna y que ahora estudian los expertos

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

A principios de agosto, parte de un cohete Falcon 9 de SpaceX, la compañía fundada por Elon Musk, chocó contra la Luna. Sin embargo, el impacto no fue una sorpresa: astrónomos independientes habían seguido durante meses la trayectoria del objeto y, posteriormente, tanto SpaceX como la NASA confirmaron que su recorrido terminaría inevitablemente sobre la superficie lunar. Aunque varios observatorios habían registrado señales indirectas relacionadas con el acontecimiento, la confirmación definitiva gracias a la sonda Danuri, perteneciente a la Agencia Espacial de Corea del Sur.

Danuri logró fotografiar una pequeña alteración en el terreno que corresponde al cráter generado por el impacto de la etapa superior del Falcon 9. La agencia espacial surcoreana explicó que «Danuri comenzó las observaciones unos 30 minutos antes de la colisión y, mediante maniobras de control orbital, sobrevoló en varias ocasiones la zona del impacto, realizando un total de ocho sesiones fotográficas. Gracias a estas observaciones, se han podido identificar cambios en el terreno alrededor del lugar del choque y rastros de la dispersión del material expulsado».

El cohete de Elon Musk que chocó contra la Luna

El objeto que acabó impactando contra la Luna correspondía a la segunda etapa de un Falcon 9, una enorme estructura de unas cuatro toneladas y con unas dimensiones similares a las de un autobús escolar. Durante su trayectoria final hacia la superficie lunar, el artefacto alcanzó una velocidad de aproximadamente 8.690 kilómetros por hora y abrió un nuevo cráter cerca del conocido cráter Einstein.

La comunidad científica sitúa el origen de este fragmento en el lanzamiento realizado el 15 de enero de 2025, cuando el cohete puso rumbo al espacio transportando los módulos privados Blue Ghost, de Firefly Aerospace, y Resilience, de ispace, como parte del programa de Servicios Comerciales de Carga Lunar de la NASA.

La segunda etapa correspondía a la parte superior y desechable del Falcon 9. Se trataba de una estructura de unos 4.000 kilogramos que proporcionó el último impulso necesario para que Blue Ghost y Resilience abandonaran la órbita terrestre y emprendieran su viaje hacia la Luna. Una vez completada esta tarea, la etapa quedó abandonada en una órbita amplia.

La maniobra prevista para colocar el vehículo en una trayectoria segura no impidió que, con el paso del tiempo, diferentes fuerzas modificaran lentamente su recorrido. La gravedad y la radiación solar terminaron desempeñando un papel clave en el cambio de trayectoria.

Julianna Scheiman, directora de programas científicos de la NASA y responsable de las cápsulas Dragon en SpaceX, señaló que la compañía había tratado de situar la etapa en una trayectoria segura, aunque la maniobra no logró mantenerla completamente bajo control. La presión ejercida por la luz solar y la influencia gravitatoria de la Tierra, la Luna y el Sol fueron alterando su órbita hasta conducirla finalmente hacia la superficie lunar.

Por su parte, SpaceX explicó lo siguiente: «Trabajamos activamente para ser lo más responsables posible con el hardware dejado en el espacio, a fin de garantizar la seguridad espacial, incluidas las misiones más complejas. En este caso, con el tiempo, la actividad solar y la gravedad dirigieron la segunda etapa hacia la Luna. Impactos como este son raros, pero pueden ocurrir con objetos en este tipo de órbitas, y colaboramos con NASA en la solución óptima de eliminación».

Impactos de meteoritos

A diferencia de las colisiones provocadas por objetos naturales, cuyas consecuencias se analizan únicamente a partir de las huellas que dejan sobre la superficie, en este caso los investigadores disponen de mucha más información. La ausencia de atmósfera en la Luna hace que los objetos que llegan hasta ella no encuentren una capa de aire que pueda frenarlos o desintegrarlos antes de alcanzar el suelo.

Jared Isaacman, administrador de la NASA, restó importancia al acontecimiento al recordar que los meteoroides impactan contra la superficie lunar con mucha frecuencia.  El choque del Falcon 9, por tanto, no supone un acontecimiento excepcional por la magnitud de la energía liberada, pero sí ofrece a los investigadores la oportunidad de estudiar un impacto lunar conociendo de antemano las características exactas del objeto que lo provocó y comparar sus efectos con los de otras colisiones registradas en nuestro satélite.

Cráter Einstein

El cráter Einstein se encuentra en el extremo occidental de la cara visible de la Luna, una ubicación que dificulta su observación desde la Tierra. Aunque la libración lunar permite contemplarlo en determinadas condiciones, solo desde la órbita lunar puede estudiarse con detalle. Está rodeado por otras formaciones como Moseley, Dalton, Vasco da Gama y Bohr, además de Vallis Bohr.

Su borde exterior ha quedado muy erosionado por impactos posteriores y en su interior destaca Einstein A, un cráter concéntrico con paredes interiores y un pico central. La historia de su nombre también resulta curiosa: durante un tiempo fue conocido como Caramuel, hasta que en 1963 fue denominado Einstein por E. Whitaker y D. W. G. Arthur. Un año después, la Unión Astronómica Internacional adoptó oficialmente esta denominación.