Ciencia
Megaingeniería

Arabia Saudí construye un río de 100 km que nace de una depuradora y logra crear ecosistemas de la nada

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

La gestión de los recursos hídricos en zonas áridas representa uno de los mayores desafíos para la ingeniería moderna ante la falta de ríos y lagos de agua dulce. Riad, la capital de Arabia Saudí, tiene una densidad demográfica que exige un suministro constante de agua para garantizar la supervivencia y el desarrollo de la ciudad.

El consumo diario de agua en esta megaciudad es elevado y alcanza una dotación aproximada de 320 litros por persona cada jornada. Este gasto genera un volumen total de agua residual inmenso que debe gestionarse de forma eficiente para evitar el colapso sanitario o ambiental.

Un río artificial que brota del tratamiento de residuos

La solución que encontraron ha sido crear un río artificial que tiene su origen en una depuradora. Los casi dos millones de metros cúbicos de agua que consume la ciudad cada día deben regresar al medioambiente tras su uso. Al no existir un mar o un lago cercano donde verter estos efluentes, las autoridades optaron por canalizar el agua tratada hacia el desierto.

Según explican desde el portal especializado Hidrojing, el «manantial» de este curso fluvial no es otro que la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) del distrito de Manfouha. El vertido constante de agua tratada genera un caudal medio de unos 20 metros cúbicos por segundo. Esta fuerza y volumen son suficientes para mantener un flujo continuo que recorre el paisaje árido y transforma por completo la geografía local.

Este proyecto no es reciente, pues la planta de tratamiento comenzó sus operaciones a principios de la década de los 80. En aquel momento, la población de Riad apenas alcanzaba el millón de habitantes, por lo que el caudal era mucho menor. Con el crecimiento de la capital, el volumen de agua procesada aumentó y permitió que el curso del río se extendiera por el terreno.

La aparición de ecosistemas impensables y nueva biodiversidad

A lo largo de los 100 km de recorrido de este río artificial, el agua ha propiciado la aparición de ecosistemas de gran valor ecológico en un entorno donde antes solo dominaba el desierto. La presencia permanente de agua ha permitido el desarrollo de la vida silvestre y ha atraído a numerosas especies que han encontrado en este hábitat artificial un nuevo hogar.

Entre la fauna que habita estas aguas destacan peces como los siluros y las tilapias. Su presencia demuestra la capacidad de adaptación de la vida acuática en condiciones generadas por el hombre. Además, el río se ha convertido en un punto de parada clave para diversas aves migratorias, que juegan un papel fundamental en la expansión de la biodiversidad, ya que transportan semillas en sus desplazamientos y favorecen el crecimiento de vegetación en las riberas.

La eutrofización ambiental a partir de aguas depuradas, es un fenómeno que suele tener connotaciones negativas, pero aquí ha demostrado ser un motor de vida. Existe incluso una pequeña presa a medio curso del río artificial, donde la explosión de vida natural se hace más obvia.

Aprovechamiento agrícola y transformación del paisaje gracias al río artificial

Este río artificial también ha generado beneficios económicos y sociales para la zona. El agua que fluye por este cauce sirve para el riego, lo cual permite el establecimiento de campos de cultivo en sus márgenes.

La agricultura es una actividad complicada en el desierto, pero encuentra aquí una fuente de abastecimiento constante gracias al ciclo integral del agua de la capital.