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Adiós a la basura: China se está quedando sin residuos después de construir 1000 plantas para incinerarlos

  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La gestión de los residuos ha sido uno los ejes centrales de la política ambiental china de las últimas décadas. El crecimiento urbano, el aumento del consumo y la falta de espacio para vertederos impulsaron un modelo basado en la incineración como solución rápida y técnicamente viable. Durante años, esta estrategia permitió absorber grandes volúmenes de basura.

Sin embargo, el escenario actual es distinto. La evolución demográfica, los cambios económicos y la implantación de sistemas avanzados de separación están modificando la cantidad y el tipo de residuos disponibles. Este nuevo contexto plantea interrogantes sobre la viabilidad de una infraestructura pensada para un volumen de basura que ya no se genera al mismo ritmo.

El sistema de incineración de residuos chino y cómo superó su propio objetivo

China cuenta hoy con más de 1.000 plantas de incineración de residuos, una cifra que representa más de la mitad de la capacidad mundial instalada.

El crecimiento fue especialmente intenso a partir de 2012, cuando el número de instalaciones se multiplicó en pocos años al amparo de planes quinquenales y de incentivos económicos que garantizaban precios ventajosos por la electricidad producida.

El objetivo oficial era alcanzar una capacidad diaria de unas 800.000 toneladas antes de 2025. Esa meta se superó ya en 2022. En la actualidad, la capacidad total ronda los 1,1 millones de toneladas diarias.

El problema es que la generación real de residuos urbanos no acompaña ese ritmo. Las plantas operan, de media, por debajo del 80% y en algunas provincias apenas alcanzan el 60%.

Esta diferencia entre capacidad instalada y basura disponible ha convertido la incineración en un sector con exceso estructural. Hornos parados, líneas que solo funcionan parte del año y proyectos que no alcanzan la rentabilidad prevista forman parte del nuevo paisaje industrial.

El resultado: menos basura urbana y plantas de residuos a medio gas

El descenso de la población y la desaceleración económica han tenido un impacto directo en la generación de residuos. Menos habitantes implica menos consumo, y menos consumo reduce el volumen de basura doméstica. A esto se suma una mejora progresiva en la gestión municipal, con sistemas de recogida más eficientes y una mayor separación en origen.

En 2022, China recogió alrededor de 311 millones de toneladas de basura urbana, frente a una capacidad de tratamiento superior a los 330 millones anuales. Desde entonces, la brecha se ha ampliado.

Algunas instalaciones han llegado a situaciones impensables hace una década, como pagar por recibir residuos o recurrir a restos industriales y de construcción para mantener las calderas en funcionamiento.

En provincias como Anhui o Hebei, una de cada tres líneas de incineración permanece cerrada durante largos periodos. No se trata de fallos técnicos, sino de falta de material que quemar. La planificación, basada en proyecciones de crecimiento continuo, no incorporó escenarios de reducción de residuos.

¿Qué ocurre cuando los residuos dejan de llegar a los hornos?

Uno de los factores clave en este cambio es la implantación obligatoria de la separación de residuos en origen. Desde 2017, numerosas ciudades han desarrollado normativas estrictas que penalizan la mezcla de fracciones y fomentan el reciclaje. Allí donde el sistema funciona con rigor, la cantidad de basura destinada a incineración se reduce de forma notable.

Shenzhen es uno de los ejemplos más citados. Con más de 18 millones de habitantes, la ciudad ha eliminado el vertido tradicional y gestiona sus residuos mediante cinco plantas de valorización y una red avanzada de clasificación. La capacidad instalada se ajusta a la producción real, evitando el exceso que sí se observa en otras regiones.

Además, la prohibición de importar basura extranjera, aplicada de forma definitiva desde 2018, eliminó una fuente adicional de residuos, especialmente plásticos, que alimentaba a muchas incineradoras. Este cierre de fronteras reforzó la presión sobre un sistema ya sobredimensionado.

Emisiones, subproductos y el futuro de este modelo residual

La incineración de residuos ha reducido la dependencia de los vertederos y las emisiones de metano asociadas, pero no está exenta de impactos. Las plantas generan cenizas volantes y lixiviados que requieren tratamientos complejos.

Solo en un año se producen decenas de millones de toneladas de estos subproductos, con una tasa de reutilización limitada.

A nivel energético, las emisiones por megavatio hora siguen siendo superiores a la media de otras fuentes eléctricas en China. Este dato ha reabierto el debate sobre el papel de la incineración en un contexto de transición hacia modelos basados en la reducción y el reciclaje de residuos.

Así, el gigante asiático avanza hacia el concepto de «ciudades sin residuos», no como ausencia total de basura, sino como un sistema que minimiza su generación y maximiza la recuperación de materiales.