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Psicología

Si tu hijo se pone a hablar justo antes de dormir es por este motivo, según la psicología

Así es la teoría conocida como "la de la ventana" que hace que los niños se pongan a hablar antes de ponerse a dormir

Ésta esa la sencilla (y sorprendente) razón por la que algunos niños hablan antes que otros

El comienzo del lenguaje de un bebé

En muchas familias ocurre siempre igual. Durante el día cuesta que los niños hablen o de hecho, que nos cuenten lo que han hecho durante el día, pero justo cuando se apagan las luces, llegan las ganas de hablar. Nos explican qué ha pasado a la hora del patio, nos preguntan de todo o nos confiesan que tienen miedo de la oscuridad. Visto desde fuera puede sonar a excusa para retrasar la hora de dormir, sin embargo, los especialistas llevan tiempo explicando que detrás de ese comportamiento hay un proceso mucho más interesante. Toma nota, porque si tu hijo se pone a hablar justo antes de dormir es por este motivo, según la psicología.

El momento previo al sueño es una pequeña ventana en la que el cerebro del niño empieza a frenarse después de horas de estímulos. Es la primera pausa real del día, el instante en el que todo aquello que había pasado desapercibido durante la jornada encuentra espacio para salir. De este modo, lo que parece un último intento por evitar la cama es, en realidad, un mecanismo natural que les permite procesar lo vivido. Así, a medida que se investiga más sobre sueño infantil y regulación emocional, esta escena tan habitual empieza a entenderse de otra manera. No es casualidad entonces que los niños confíen esas conversaciones justo antes de dormirse, ni que surjan miedos, inquietudes o episodios del día que creíamos superados. La psicología infantil señala que ese tramo final de la rutina nocturna cumple una función clave en su bienestar.

Si tu hijo se pone a hablar justo antes de dormir es por este motivo

En los últimos años ha cobrado fuerza un concepto llamado Bedtime Window Theory, conocido en español como la teoría de la ventana antes de dormir. No se trata de una teoría académica cerrada, sino de una etiqueta que reúne observaciones de psicólogos infantiles, terapeutas familiares y especialistas en TDAH. Según esta idea, existe un breve periodo al anochecer en el que el sistema nervioso deja atrás el modo supervivencia, ese estado acelerado en el que los niños pasan gran parte del día, y entra en un modo más lento, orientado al procesamiento.

Ese cambio facilita que su cerebro ponga palabras a emociones acumuladas, dudas pendientes y experiencias que no habían logrado verbalizar. No es que el niño elija el momento para abrirse, sino que su mente reaparece en un estado más receptivo, sin estímulos que compitan por su atención. La teoría se ha extendido porque ayuda a entender por qué muchos niños, incluso los más reservados, eligen justo ese instante para contar lo que realmente les preocupa.

Qué ocurre en el cerebro justo antes de dormir

La neurociencia recuerda que dormir no implica apagar el cerebro. De de hecho, es por la noche cuando el cerebro organiza información, consolida recuerdos y procesa lo que ha vivido. En los niños, ese paso previo al sueño es especialmente sensible ya que por primera vez en horas aparece un silencio que permite que emociones y preocupaciones ganen espacio.

Psicólogos especializados en ansiedad infantil explican que la cama es ese lugar donde la mente, al fin, tiene margen para preocuparse. Por eso surgen preguntas profundas, miedos que no habían mencionado o cosas que han vivido en el colegio y todavía no nos habían contado. Incluso entre los más pequeños existe un fenómeno estudiado desde hace décadas, el crib talk, que se refiere a las charlas que los niños mantienen solos en la cuna para practicar lenguaje y reorganizar lo vivido.

Por qué hablan tanto en ese momento

Cuando el niño empieza a relajarse, es normal que busque a sus padres como punto de apoyo. Es el momento del día en el que por fin tiene espacio para contarlo todo, desde lo que le inquieta hasta lo que no se había atrevido a decir antes. Y esa charla improvisada, casi en susurros, suele ser mucho más valiosa de lo que parece. No es tanto una lección de lenguaje como un intercambio que les ayuda a ordenar la cabeza y a sentir que alguien los acompaña mientras procesan lo que han vivido.

Las rutinas estables antes de dormir ayudan además a gestionar mejor el estrés y las emociones. Si dentro de esa rutina existe un pequeño espacio para que se hable del día, es más probable que el descanso sea más profundo. Por ello, los pediatras de Atención Primaria aconsejan no censurar estas conversaciones, sino darles un marco previsible dentro del ritual nocturno y en el caso de que se alargue, poner un pequeño límite.

En el fondo, la llamada teoría de la ventana recuerda algo sencillo: el niño no siempre está intentando evitar ponerse a dormir, sino que muchas veces está empezando a ordenar su mundo interior. Hablar justo antes de dormir les permite revisar el día, liberar tensiones y reforzar la conexión emocional con sus padres, un vínculo que actúa como su mayor fuente de seguridad.