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El esperpéntico ex presidente podemita del Parlament balear Balti Picornell: «Feliz Navidad y puta España»

El antiguo dirigente de Podemos, ha reaparecido en redes sociales provocando e insultando a los españoles

El esperpento vuelve a tener nombre y apellidos en la política balear. Baltasar Picornell, ex presidente del Parlamento de las Islas Baleares y antiguo dirigente de Podemos, ha reaparecido en escena fiel a su estilo: provocación, estridencia y una absoluta falta de respeto institucional.

Esta vez lo ha hecho a través de su perfil en la red social X, donde ha colgado una fotografía con el mensaje Bon Nadal i puta Espanya (Feliz Navidad y puta España), acompañado, para más escarnio, de un emoticono de un corazón. Un gesto que no solo ha generado indignación, sino que vuelve a retratar a un personaje político instalado permanentemente en el insulto y el desprecio.

Lejos de tratarse de un hecho aislado, este tipo de salidas de tono forman parte del ADN político y personal de Picornell. El expolítico independentista lleva años utilizando las redes sociales como altavoz para lanzar ataques contra España, sus símbolos y cualquiera que no comulgue con su visión ideológica.

Ya en 2021, coincidiendo con la festividad de Santiago Apóstol, patrón de España, el 25 de julio, decidió felicitar el día con un mensaje igual de incendiario: «Buenos días, países catalanes. Viva la tierra y puta España». Una frase que en su momento provocó un aluvión de críticas y que hoy parece casi premonitoria del personaje en el que se ha convertido.

Picornell no solo ha sido protagonista de polémicas por sus mensajes, sino también por su errática trayectoria política. Abandonó Podemos asegurando que el partido había «dejado de ser una fuerza crítica para convertirse en una mera muleta del PSOE». Sin embargo, según varios de sus excompañeros, la realidad fue bastante menos épica: se marchó apenas cinco minutos antes de que lo expulsaran por su manifiesta «incompetencia política» y su incapacidad para estar a la altura del cargo que ocupaba.

En las últimas semanas, el ex presidente del Parlament balear ha vuelto a demostrar su talante por partida doble. Primero, cargó contra un joven reportero de IB3 por el simple hecho de llevar una pulsera con la bandera de España mientras cubría un acto oficial. «Ahora empiezo a entenderlo todo un poco, imagino que las pulseritas tienen alguna cosa que ver con este declive de nuestra televisión pública», escribió con tono burlón y despreciativo. El comentario no tardó en recibir respuesta del diputado de Vox por Baleares, Jorge Campos, quien le replicó sin rodeos: «Tú sí que estás en declive, pero mental».

Lejos de rebajar el tono, Picornell redobló la apuesta y acabó llamando «puto nazi» al diputado, confirmando una vez más que el insulto es su único argumento político. Un comportamiento impropio de quien fue la segunda autoridad de Baleares entre 2017 y 2019, gracias al apoyo del PSOE de Francina Armengol y los independentistas de Més per Mallorca.

Conviene recordar que su paso por la presidencia del Parlament estuvo marcado por una sucesión de polémicas, excentricidades y actitudes fuera de lugar. En su primer año en el cargo protagonizó una de las imágenes más comentadas cuando recibió en zapatillas a los Reyes en el Palacio de la Almudaina. Para colmo, tras la reunión con Felipe VI, reveló públicamente parte de la conversación mantenida con el monarca, vulnerando de forma flagrante el protocolo institucional, lo que le obligó a pedir disculpas.

Un año después, volvió al mismo palacio, aunque esta vez no como representante institucional, sino como activista radical, para protestar contra la Corona y exigir la liberación de los políticos catalanes condenados por el referéndum ilegal de 2017. Un gesto más en una carrera política marcada por el desprecio a las instituciones que decía representar.

Hoy, apartado de la primera línea política pero más activo que nunca en las redes sociales, Balti Picornell parece decidido a seguir viviendo de la provocación y el insulto. Su último «feliz Navidad» no es más que otro capítulo de una trayectoria donde el ruido sustituye a las ideas y el desprecio a la convivencia se convierte en bandera.