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Condenado el depredador que esclavizó a una niña nigeriana en Mallorca: «La trataba como a una perra para su placer sexual»

La Audiencia Provincial de Baleares impone 34 años de prisión al 'monstruo de Algaida'

El chantaje era asqueroso: si ella no se dejaba violar cada día, él no traería a España a sus otras hermanas pequeñas

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Imagen del 'monstruo de Algaida' el día de su arresto.
Julio Bastida

OKBALEARES ha tenido acceso a la sentencia de la Audiencia Provincial de Baleares que condena a 34 años de prisión al conocido popularmente como ‘monstruo de Algaida’. Un auténtico pervertido que, bajo una careta de ayuda humanitaria, ocultaba a un depredador sin escrúpulos que destrozó la vida de una menor desde que esta tenía apenas 7 años.

Este sujeto, defendido por la prestigiosa abogada Carolina Coll, quien asumió la defensa una vez iniciado el juicio, no sólo captó a su víctima en una zona de extrema pobreza en Nigeria, sino que diseñó una trama de película de terror para traerla a España. Aprovechando que la familia no tenía ni para comer, el ahora condenado convenció a la madre de la pequeña para casarse con ella en un matrimonio de conveniencia que solo buscaba una cosa: el «papel» para que la niña volara a Mallorca.

Una vez aterrizaron en el aeropuerto de Palma en 2019, la careta se cayó. El depredador abandonó a la madre a su suerte y se llevó a la niña, que ya tenía 12 años, a una finca aislada en el campo, sin vecinos que pudieran oír sus gritos o sospechar de lo que allí ocurría. Fue entonces cuando comenzó una pesadilla de cuatro años de esclavitud sexual y doméstica.

El nivel de depravación del condenado no conocía límites. Obligó a la menor a firmar un contrato manuscrito, una auténtica aberración jurídica y humana, donde la niña se comprometía a realizar las tareas de la casa y a mantener relaciones sexuales diarias con él. El chantaje era asqueroso: si ella no se dejaba violar cada día, él no traería a España a sus otras hermanas pequeñas.

El condenado no sólo abusaba de ella físicamente, sino que la tenía bajo un control exhaustivo. Llenó la casa de cámaras para vigilarla las 24 horas y le intervenía el móvil y las redes sociales constantemente. Incluso, según relató la víctima en el juicio, el agresor le enviaba capturas de pantalla de ella misma semidesnuda por la casa para recordarle que «Dios» (como él se hacía llamar ante ella) lo veía todo.

El horror salió a la luz cuando la joven, ya con 17 años y el alma rota, no pudo más y se lo contó a su madre. La Guardia Civil, al registrar el ordenador de este individuo, halló un diario titulado «Las tres sombras nigerianas». En esas páginas, el condenado vomitaba su falta de arrepentimiento, confesando que la sociedad «le importaba una mierda» y describiendo con una frialdad espeluznante cómo había «amaestrado» a la niña para su disfrute.

La Audiencia no ha tenido piedad ante semejante cúmulo de delitos: 10 años por trata de seres humanos, 14 años por agresión sexual continuada a una menor, 7 años por pornografía infantil y 3 años por vulnerar la intimidad de la joven. Además de la cárcel, este depredador tendrá que pagar 300.000 euros de indemnización a la víctima y no podrá acercarse a ella en 24 años. Una condena ejemplar para quien convirtió el sueño de una vida mejor en el más absoluto de los infiernos.

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