El árbitro, coartada de otro desastre del Mallorca
Sea o no el único culpable, que no lo es, cuando un entrenador tira de cambios drásticos de una semana para otra expresa su desacuerdo con la plantilla que le han dado, cosa que no hace donde y cómo debería, o sencillamente reconoce su incapacidad para sacar mejor provecho de ella.
Empezó alineando «guerreros», según sus propias palabras en la rueda de prensa previa al partido, y terminó metiendo a los jugones de los que había renegado, no sin razón, para enmendar una plana tan emborronada que ya no hay quien escriba sobre ella un solo renglón que no se tuerza. Aunque individualizar en un juego colectivo como el fútbol puede acarrear injusticia, considerar hoy día a Maffeo como uno de los luchadores, después de manifestar por activa y por pasiva su deseo de abandonar el club desde hace tres años, es hacer un flaco favor a los que entienden de otra manera sus servicios. Confiar la dirección parcial del juego a un futbolista, Pablo Torre, que entrega al enemigo cuatro de los cinco balones que controla, supone insistencia en el error que, en todo caso, debería purgar quien pagó cinco millones por su traspaso.
El injusto e imaginario penalti con el que un pésimo árbitro, por mucha escarapela FIFA que luzca, no supone una coartada suficiente que justifique la patética imagen que el Mallorca ofrece desde hace un año. Una zaga de cristal con sendas vías de agua en los laterales, ni un solo futbolista al mando capaz de ordenar y conducir el juego en el centro del campo y una artillería desaparecida con el único recurso de buscar la testa del goleador Muriqi o la carrera del joven e inexperto Jan Virgili que va de más a menos jornada tras jornada en proporción directa a la apatía y el cansancio del grueso del vestuario.
El Rayo no necesitó hacer más de lo justo para ganar, regalo arbitral al margen. Le bastaron un par de pases largos a la espalda de los lentísimos zagueros visitantes para poner en apuros al atribulado Leo Román. Con esto y presionar, llegar antes a todos los duelos y poner más intensidad en cada uno de ellos, tuvo bastante, como cualquiera que hoy por hoy se enfrente a este Mallorca tocado al que le falta un disparo, solo uno, para considerarlo hundido.
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