La Policía no mató al marroquí reducido con táser en Torremolinos: murió por el consumo de droga
El auto da mayor validez a la autopsia del Instituto de Medicina Legal que al informe alternativo aportado por la familia
La muerte de Haitam no se atribuye a la Policía, sino a los efectos de la droga sobre un organismo ya dañado

Una juez de Torremolinos ha confirmado el archivo de la causa por la muerte de Haitam, un hombre marroquí fallecido durante una detención policial en un locutorio. La magistrada concluye que no fueron los agentes quienes le causaron la muerte, sino una reacción adversa por el consumo de sustancias tóxicas. El auto, dictado el 7 de abril, respalda que el fallecimiento se debió a un delirio agitado sobre la base de un corazón patológico y no a la intervención policial en la que se emplearon pistolas táser. Cabe recordar que la líder de Podemos, Ione Belarra, tildó los hechos de «asesinato racista» por parte de los agentes.
«El hombre nos amenazaba con unas tijeras mientras gritaba Alá es grande», son las declaraciones de los seis policías que intervinieron y redujeron al asaltante de un locutorio de Torremolinos que murió de un infarto tras dispararle con una pistola eléctrica táser y esposarle.
OKDIARIO ha tenido acceso al atestado del suceso en el que un hombre que asaltó un locutorio murió después de ser reducido por la varios agentes de la Policía Nacional. En sus declaraciones, los agentes cuentan que el sujeto se negó a soltar las tijeras con las que les amenazaba y le aplicaron tres veces descargas cortas con pistolas eléctricas para conseguir esposarle y reducirle.
Fueron los propios policías los que llamaron a un ambulancia para que los sanitarios calmaran al arrestado, totalmente fuera de sí, y pidieron que se adjuntaran las cámaras de seguridad del local al atestado ya que habían grabado todo lo que ocurrió durante el asalto y la posterior detención.
Archivo de la causa
La resolución de la Sección de Instrucción número 1 de Torremolinos ratifica así el sobreseimiento provisional que ya acordó la magistrada el pasado 10 de febrero. El caso, eso sí, no está cerrado de forma definitiva, ya que la familia del fallecido ha recurrido en apelación ante la Audiencia de Málaga, que será la que decida ahora si mantiene el archivo o si ordena continuar con la investigación.
La clave del auto está en el informe definitivo de autopsia elaborado por el Instituto de Medicina Legal. Según ese documento, la muerte se produjo por una causa no natural que desencadenó una parada cardiorrespiratoria motivada por una reacción adversa al consumo de sustancias tóxicas. Los forenses concluyen además que la causa fundamental del fallecimiento fue «un delirio agitado sobre la base de un corazón patológico debido al consumo de sustancias».
Esa conclusión es la que lleva al juzgado a descartar, al menos por ahora, que la actuación de los policías fuera la causa de la muerte. De hecho, el auto da mayor validez a la autopsia oficial frente al informe alternativo presentado por la familia, que sostiene que la víctima presentaba 86 lesiones y que hubo una intervención supuestamente irregular por parte de los agentes.
Sin embargo, la juez considera que el informe del Instituto de Medicina Legal es más concluyente y completo. Según el auto, la autopsia aportada por la familia está basada en hipótesis, resulta menos sólida y no analiza algunos restos y fluidos de la víctima, por lo que no desvirtúa la tesis principal de los forenses oficiales.
La resolución judicial desmiente la versión de la familia y mantiene que no existen, por el momento, elementos suficientes para atribuir responsabilidad penal a los agentes por la muerte. El juzgado asume la tesis de que el fallecimiento estuvo provocado por el consumo de sustancias y por la situación física previa de la víctima, y no por la actuación policial desarrollada durante la detención.
Ahora será la Audiencia de Málaga la que tenga la última palabra sobre si el archivo queda definitivamente confirmado o si la causa debe reabrirse. Pero, a día de hoy, la posición del juzgado de Torremolinos es clara: la muerte no se atribuye a la Policía, sino a los efectos de la droga sobre un organismo ya dañado.