Ni el ejército de Francia pudo con él: el puente más antiguo de la ciudad que unió a San Fernando y a Cádiz con la Península
El Puente de Suazo que une San Fernando con Cádiz
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Durante siglos, hubo un punto muy concreto en la Bahía de Cádiz que lo decidía todo. No era un castillo ni una muralla sino un puente, en concreto, el Puente Suazo, en San Fernando, y que durante mucho tiempo fue la única forma de entrar por tierra a Cádiz, y eso lo convirtió en una pieza clave en algunos de los momentos más tensos de la historia de España.
Hoy puede parecer sólo una estructura más dentro del paisaje, pero durante años quien controlaba este paso controlaba el acceso a la ciudad. Y eso, en un territorio como Cádiz, con su peso estratégico, no era un detalle menor. De hecho, hasta bien entrado el siglo XX, no había otra alternativa real. Hasta que se construyó el puente José León de Carranza en 1969, todo el tráfico terrestre hacia Cádiz pasaba por aquí. Y antes incluso, San Fernando ni siquiera tenía conexión firme con la Península sin este punto.
El puente más antiguo que unió a San Fernando y a Cádiz
No se sabe con exactitud cuándo se construyó el primer puente en este lugar, aunque por lo visto su origen se remonta a época romana, y que pudo estar vinculado a Lucio Cornelio Balbo, una figura relevante de la antigua Gades. En aquel momento no era un puente como tal, sino parte de un sistema para transportar agua desde el manantial del Tempul, en la zona de Jerez, hasta Cádiz. Es decir, ya desde el principio tenía una función clave.
Con el paso del tiempo, esa estructura fue cambiando. Se reforzó, se reconstruyó y acabó convirtiéndose en el paso que hoy se reconoce. Está hecho principalmente con piedra ostionera, un material muy típico de la zona, y terminó siendo tan representativo que acabó apareciendo incluso en el escudo de San Fernando.
Siglos de obras, cambios y uso constante
A partir del siglo XVI, el puente empieza a tomar la forma que hoy conocemos. Se interviene varias veces sobre restos anteriores, con distintos proyectos que se van sucediendo y por allí pasan nombres importantes de la arquitectura de la época, como Alonso Rodríguez, vinculado a la Catedral de Sevilla, o Benedicto de Ravena. Al final, quienes terminan ejecutando las obras en esa etapa son los hermanos Guillisasti.
Pero más allá de las obras, el puente tenía vida, y como cabría esperar también generaba ingresos. De hecho, en documentos antiguos aparece reflejado que una barca utilizaba los pilares como punto de amarre, lo que se traducía en actividad económica y en un movimiento constante.
Cuando el puente se convierte en defensa
El contexto fue cambiando y el puente dejó de ser solo una infraestructura útil para convertirse también en un punto defensivo, algo que por otro lado es comprensible ya que siendo acceso, había que protegerlo De este modo, a finales del siglo XVI ya se destinaban recursos para reforzar la zona. Se construyeron baterías, baluartes y un foso considerable que convertía el entorno en algo más parecido a una posición militar que a un simple paso.
Y la historia prueba que no tardó en ser puesto a prueba si tenemos en cuenta que en 1596, durante la invasión anglo-holandesa, el puente fue escenario de enfrentamientos. Volvió a serlo en 1625, cuando tropas inglesas intentaron avanzar en la zona. En ambos casos, el control de ese punto marcaba la diferencia.
Pieza clave en la Guerra de la Independencia
Pero el episodio que realmente define al Puente Suazo llega con la Guerra de la Independencia. Ahí es donde deja de ser importante para convertirse en decisivo. En febrero de 1810, las tropas francesas, con miles de soldados, avanzan hacia Cádiz. Y se encuentran con este punto. Es el 6 de febrero y tiene lugar uno de los enfrentamientos más duros con las tropas españolas que resisten, se repliegan, y vuelven a posicionarse. Y al día siguiente, los franceses vuelven a intentarlo, pero vuelven a fallar, y es entonces cuando el puente se convierte en el centro del enfrentamiento durante días. La situación llega a tal extremo que, en 1812, se toma una decisión radical: destruir el arco principal para impedir el paso de forma definitiva.
Sin posibilidad de cruzar, el ejército francés no logra avanzar.de modo que Cádiz pudo resistir y el puente pasó a ser algo más que una construcción. Años después, una placa lo resumiría sin rodeos: allí estuvo el límite de la España libre.
Entre el reconocimiento y el abandono
Con el paso del tiempo, el puente se reconstruyó y siguió formando parte del día a día. Ya no como punto de guerra, pero sí como paso imprescindible durante muchos años. En 1996 se reconoció oficialmente su valor al ser declarado Bien de Interés Cultural. Y cada cierto tiempo, las recreaciones históricas vuelven a poner el foco en lo que ocurrió allí. En 2010, por ejemplo, miles de personas acudieron a una de estas representaciones.
Pero la realidad actual es otra si bien el puente necesita una rehabilitación importante. Su estado lleva tiempo generando preocupación y, aunque hay consenso sobre la necesidad de actuar, el problema sigue siendo el mismo: la financiación.
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