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Diada Cataluña 2018

Torra y los manifestantes de la Diada derriban un mural del Rey al grito de «¡Independencia!»

La manifestación independentista del 11 de septiembre con motivo de la Diada ha simulado un ataque a gritos contra el Rey, con el objetivo de derrocarlo. El presentador del acto ha pedido la colaboración de los asistentes, con Quim Torra y Artur Mas a primera fila, hasta dejar caer una lona de diez metros de altura con la imagen de una carta con la figura del rey y la inscripción de 3-O, día en el que Felipe VI se dirigió a todos los españoles para instar a las instituciones democráticas del Estado a hacer frente al golpe separatista.

Acto seguido, se ha echado abajo otro mural que representaba al Estado español. Y después se ha dejado caer el mural que representaba la aplicación del artículo 155.

Tras el lanzamiento al suelo de estas tres piezas de la decoración, ha quedado conformado el escenario desde el que han intervenido los líderes de las entidades independentistas que convocaban la manifestación: la Asamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural.

Una imagen de la manifestación de la Diada 2018. EFE/Marta Pérez

Un acto planificado

El acto simbólico contra el Rey y el Estado estaba perfectamente planificado. Poco después de las 17.00 horas se había pedido a los manifestantes que guardaran silencio; exactamente a las 17.14 horas se lanzó al cielo un cohete cuyo estallido marcó el inicio de la acción.

Las personas concentradas en el tramo 37, a la altura de la calle Castillejos, iniciaron entonces una “ola sonora” haciendo oír su voz, un griterío reivindicativo que fue avanzando progresivamente por la Diagonal, hasta el Palacio de Pedralbes, donde la simbólica “fuerza de la gente” tumbó el muro metafórico, en alusión a los obstáculos por superar hasta llegar a la “independencia”: el Rey y el Estado democrático español.

La representación del acoso y derribo contra Felipe VI constituye un nuevo ataque contra el Jefe del Estado por parte del independentismo, que no le perdona el discurso que pronunció dos días después del referéndum separatista en defensa de las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado, las instituciones democráticas, la convivencia y la unidad de la nación española.