En 1966 era un adefesio y los vecinos no lo entendieron: hoy es una obra maestra de la arquitectura madrileña
Fue uno de los edificios más criticados: 58 años después, el tiempo da la razón al arquitecto
En 1968 era un edificio feo e incomprendido: hoy es un símbolo arquitectónico de Madrid
Una empresa de Canadá quiere construir un edificio esférico de 312 metros
Caminar hoy por la confluencia de las calles José Ortega y Gasset y Lagasca, en pleno barrio de Salamanca, es encontrarse con una pieza arquitectónica plenamente integrada en la identidad contemporánea de Madrid. Sin embargo, no siempre fue así.
A mediados de los años 60, la irrupción del edificio Girasol supuso un auténtico choque visual y cultural para una vecindad acostumbrada a la estética clásica heredada del siglo XIX.
Lo que hoy se admira como un referente del Movimiento Moderno fue recibido entonces con recelo, e incluso desprecio, por su radical diferencia formal. Este inmueble, construido entre 1964 y 1966, rompía con la uniformidad señorial del entorno.
El Edificio Girasol en Madrid: de adefesio incomprendido a icono arquitectónico
El origen del proyecto está ligado a una sustitución simbólica. En el solar se alzaba previamente el palacete de Francisco Silvela, construido en 1898 y representativo del primer desarrollo del barrio de Lista.
Su demolición marcó el inicio de una nueva etapa. Los arquitectos José Antonio Coderch de Sentmenat y Manuel Valls Vergés apostaron por una propuesta que no buscaba mimetizarse con el entorno, sino redefinirlo.
Tal y como documenta Docomomo Ibérico, el planteamiento de Coderch se alejaba deliberadamente del contexto urbano tradicional. Su enfoque respondía a criterios funcionales más que estéticos, trasladando soluciones propias de la vivienda unifamiliar (especialmente de sus experiencias en Cadaqués) a un edificio colectivo de alta gama en el centro de Madrid.
Esta singularidad convierte al Girasol en una de las escasas obras del arquitecto catalán en la capital, lo que incrementa su valor patrimonial.
Diseño del Edificio Girasol: cómo la luz y la privacidad revolucionaron la arquitectura en Madrid
El nombre del edificio no es anecdótico. Su planta adopta una configuración en forma de peine, donde las viviendas se disponen en diagonal respecto a la calle Lagasca. Este diseño permite optimizar la entrada de luz natural, haciendo que cada estancia se oriente estratégicamente, como si «buscara» el sol.
La distribución interior del edificio Girasol también fue innovadora. Cada vivienda funciona de manera prácticamente independiente, con accesos diferenciados mediante escaleras y ascensores propios.
Además, el proyecto establece una separación rigurosa entre zonas públicas y privadas, así como entre áreas principales y de servicio. Este planteamiento prioriza la habitabilidad y la intimidad, dos aspectos poco habituales en la arquitectura residencial de la época.
Fachada del edificio Girasol en Madrid: materiales, cerámica y celosías que marcaron tendencia
Exteriormente, el edificio destaca por su revestimiento de plaqueta cerámica, que envuelve el volumen con formas curvas y ondulantes. Este material, lejos de ser estructural, actúa como una piel que aporta dinamismo y singularidad al conjunto.
A ello se suman las celosías de madera, que regulan la entrada de luz y proporcionan una sensación de calidez visual poco frecuente en construcciones contemporáneas a su tiempo.
Hoy, el edificio Girasol cuenta con nivel de protección A y forma parte del Plan Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del Siglo XX. Instituciones especializadas lo consideran una pieza clave del desarrollo del Movimiento Moderno en España.
Lo que en 1966 generó rechazo es ahora un ejemplo paradigmático de cómo la arquitectura puede anticiparse a su tiempo.
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