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El sharenting, los riesgos ocultos de compartir fotos de menores en redes

  • Nacho Grosso
  • Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Escribiendo profesionalmente desde 2017 para medios de difusión y blogs en español.

Aunque la práctica de publicar imágenes de hijos en redes sociales sigue siendo común, los riesgos asociados al sharenting, combinación de sharing y parenting, son cada vez más graves. Desde el robo de identidad hasta la exposición a depredadores, esta costumbre genera consecuencias que van más allá de la privacidad digital.

La huella digital irreversible

Publicar fotos de menores en redes como Instagram, Facebook o TikTok parece una forma inocente de compartir momentos familiares, pero en realidad, cada imagen subida crea una huella digital que acompañará al niño toda su vida. Según estudios, el 75% de los padres comparte contenido relacionado con sus hijos al menos una vez al mes, y el 66% de los casos de fraude de identidad en jóvenes tiene su origen en datos compartidos mediante esta práctica.

Los ciberdelincuentes extraen información como nombres, fechas de nacimiento o ubicaciones geográficas de fotos y comentarios, facilitando el robo de identidad. Además, el 80% de los padres tiene seguidores desconocidos en sus redes, lo que multiplica los riesgos de exposición.

Cómo las imágenes se vuelven armas

Las fotos aparentemente inofensivas pueden convertirse en herramientas para el ciberacoso y el bullying. Imágenes de primeros pasos, risas o situaciones cotidianas pueden ser manipuladas para crear memes o contenido ofensivo, afectando la reputación del menor.

Según un estudio de Panda Security, el 7,5% de los encuestados afirma que sus hijos han sufrido ciberacoso, y el 37% de españoles considera que la mejor opción es actuar e incluso denunciar ante las autoridades. Pero el peligro no se limita a menores: el grooming, acoso sexual digital por parte de adulto, aprovecha los datos compartidos para ganar la confianza de las víctimas. Los depredadores suelen hacerse pasar por personas de la misma edad, usando información extraída de redes para aislar a los menores y generar secretismo. Según el informe Violencia Viral de Save the Children, uno de cada cinco jóvenes entre 18 y 20 años asegura haber sufrido acoso online durante su infancia.

Los nuevos riesgos de la IA

Los avances en inteligencia artificial generativa han elevado los riesgos a un nivel alarmante. Las imágenes compartidas pueden ser manipuladas para crear deepfakes, vídeos o fotos falsas pero convincentes, que recrean la imagen del menor en escenarios comprometedores. Además, el 72% de los casos de agresores sexuales condenados incluye imágenes cotidianas de menores no sexualizadas, según un informe sobre delitos de pornografía infantil. Estos contenidos, una vez en línea, escapan al control de los padres y pueden ser usados en campañas publicitarias, extorsiones o material ilegal. La geolocalización incluida en muchas fotos también revela datos sobre la ubicación de los menores, facilitando su seguimiento.

La responsabilidad parental

La huella digital creada por el sharenting puede afectar el futuro del menor de formas imprevisibles. Las imágenes compartidas hoy podrían usarse mañana para crear perfiles falsos, suplantar su identidad o incluso generar contenido delictivo con IA. En España, la ley establece que los menores de 14 años no pueden gestionar su privacidad digital, por lo que los padres deben actuar como garantes de sus derechos.

Sin embargo, la responsabilidad no recae solo en ellos, familiares o centros educativos también pueden compartir contenido sin consentimiento. Para mitigar estos riesgos, se recomienda configurar la privacidad de las redes, evitar datos identificativos en publicaciones y desactivar la geolocalización. Si se comparte contenido, es inevitable consultar al hijo antes de publicar, especialmente si supera los 13 años, y ejercer el derecho de supresión si el material ya está publicado.

Concienciar en responsablilidad

Iniciativas como ShareWithCare, de Deutsche Telekom, y las alertas de la Agencia Española de Protección de Datos  buscan sensibilizar sobre los peligros del sharenting. Estas campañas destacan la necesidad de equilibrar la preservación de recuerdos familiares con la protección de la privacidad infantil, especialmente ante el auge de la IA generativa. Como advierte la NSPCC: «Cada foto publicada crea una huella digital que acompañará al niño toda su vida». En un mundo donde la exposición digital es inevitable, la clave está en ser conscientes de los límites y actuar con responsabilidad para garantizar que los menores puedan construir su identidad online de manera segura y autónoma.

El sharenting no es solo una cuestión de privacidad, sino de protección integral de los menores. Mientras las redes sigan siendo un espacio para compartir momentos familiares, la reflexión sobre los límites éticos y legales de estas prácticas debe ser constante. La tecnología avanza, pero la precaución y el respeto por los derechos digitales de los niños deben ir siempre un paso adelante.