Galaxy Invader 1000, el regreso de mi consola de infancia a la pantalla del iPhone
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En 1983 yo tenía 10 años, precisamente hoy cumplo 52, pero también un tesoro entre las manos. Los Reyes me trajeron la Galaxy Invader 1000. A principios de los años 80, en España empezaban a llegar aquellas “maquinitas” que nos hacían soñar con batallas espaciales. Para un niño de 1973, era el colmo de la modernidad. No importaba que solo tuviera un juego, ni que hubiera que ponerle cuatro pilas AA que parecían durar un suspiro, encenderla y ver cómo brillaba la pantalla VFD en plena oscuridad era magia pura.
El fenómeno de principios de los 80
Fabricada por la japonesa Gakken en 1980 y distribuida en España poco después por empresas como PROEIN, la Galaxy Invader 1000 formaba parte de una generación de consolas portátiles o handheld que imitaban clásicos como Galaxian o Space Invaders. Su diseño en plástico amarillo, la mía era azul, con un gran botón rojo para disparar y una palanca metálica para mover la nave, destacaba si la veían tus amigos. La pantalla fluorescente, con matriz de 27×3 elementos, daba colores verde-azulados y rojos que permitían jugar incluso a oscuras, algo que en aquel momento era una introspección a mi propio mundo interior.
Cómo era jugar en la original
La experiencia era sencilla pero adictiva, mover la nave a izquierda y derecha, esquivar disparos y eliminar oleadas de enemigos que descendían sin piedad. La máquina tenía tres niveles de dificultad, contador de puntuación y la capacidad de engancharte durante horas. El brillo del display VFD y la claridad de los elementos hacían que, tal y como he comentado, jugar en la cama a oscuras era una experiencia.
De la mesa del salón al iPhone
Hoyhe vuelto a tenerla, pero en versión digital. La app oficial Galaxy Invader 1000, disponible por 1,99 € en iOS y para Android., reproduce con fidelidad el panel original, los colores y la disposición de los enemigos. Al abrirla, me encontré con la misma disposición de zonas, UFO Zone, Invader Zone y Missile Station, y el mismo gran botón rojo virtual para disparar. Incluso la sensación de ver subir la puntuación se mantiene, aunque ahora ya no dependo de pilas ni de la luz de la habitación.
Un reencuentro con sabor a nostalgia
Volver a jugar a la Galaxy Invader 1000 en el móvil ha sido como abrir una cápsula del tiempo. La música de mi infancia no estaba, pero mi memoria la ponía de fondo. El Coche Fantástico en la tele, un bocadillo de Nocilla en la mano y el empeño de batir mi récord. Cuatro décadas después, la pantalla ya no es fluorescente, pero la emoción sigue intacta. Es un regalo de cumpleaños inesperado que me recuerda que, a veces, la tecnología más simple es la que más huella deja. Si deseas saber más sobre esta consola ochentera, echa un vistazo a esta entrada de blog tan interesante.
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