Félix Luque: ‘Esas distopías que parecían muy lejanas hoy en día son mucho más presentes’
La exposición «La Sociedad Automática» convierte LABoral Centro de Arte en un escenario para reflexionar
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La tecnología ya no ocupa un lugar secundario en nuestra vida cotidiana. La inteligencia artificial, los algoritmos, la robótica y los sistemas conectados forman parte de un ecosistema que condiciona cada vez más nuestras decisiones. Esa es precisamente la cuestión que aborda «La Sociedad Automática», la exposición de Félix Luque que puede visitarse hasta el 17 de octubre en LABoral Centro de Arte y Creación Industrial de Gijón. La muestra, coproducida por LABoral, iMAL, la Federación Valonia-Bruselas y EUROPALIA España, reúne robótica, fotografía, escultura, vídeo, música y performance para plantear una mirada crítica sobre la automatización contemporánea. En ella, Luque imagina incluso un escenario en el que las máquinas continúan funcionando después de que el ser humano haya desaparecido.

Pregunta. — La exposición plantea que la tecnología ha dejado de ser una simple herramienta para convertirse en una fuerza que condiciona nuestras decisiones. ¿Crees que ya hemos cruzado ese punto de no retorno?
Respuesta. — Pues buena pregunta… Buena pregunta porque ese punto de no retorno es muy difícil de definir, claro. Pero, hombre, yo creo que probablemente sí. Probablemente sí, en el sentido de que hoy en día los sistemas digitales ya han sido introducidos en prácticamente todos los bienes de consumo. Y toda la tecnología prácticamente ya está conectada a internet.
Todo esto hace que, hoy en día, un elemento fundamental sea que los datos de nuestros dispositivos técnicos están conectados a internet, ¿no? Y los datos son dinero, es economía. Entonces, yo creo que eso hace que estemos entrando en ese punto de no retorno. Porque al final el sector económico de los datos es tan importante hoy en día que va a ser muy difícil poder regularlo, reglamentarlo y, de alguna forma, distanciarnos un poco de ese punto de no retorno.

P. — Usted utiliza inteligencia artificial, robótica y algoritmos como parte de tu obra. ¿Dónde sitúa el límite entre usar la tecnología como herramienta y dejar que sea ella quien marque el proceso creativo?
R. — A ver, yo creo que al final lo importante es la experimentación, ¿no? Trabajar con estas tecnologías hace que, efectivamente, la creatividad, hasta dónde puedes llegar y lo que esa tecnología te genera… pues al final tienes que jugar con ello, y tienes que experimentar y llegar a un punto en el que tú estés satisfecho.
Y yo creo que en mis proyectos, al final, es lo que sucede. Es hasta qué punto lo que la tecnología me devuelve como resultado artístico me interesa o no. Y una vez que llego a un punto en el que estoy satisfecho, en el que la visión o la intención artística llega a donde quería, ahí es donde…

P. — En la exposición aparece una idea inquietante: que las máquinas podrían seguir funcionando incluso sin nosotros. ¿Es una provocación artística o cree que ya estamos construyendo un mundo demasiado dependiente de los sistemas automatizados?
R. — Tiene su punto de provocación, pero yo lo que intento es empujar esa utopía, llevarla al extremo. Esa es la intención de esa utopía. El capitalismo, al final, lo que quiere es automatizar al máximo la industria para generar más beneficio y reemplazar al humano por la automatización.
Entonces, yo lo que hago en una serie de obras es intentar plasmar esa distopía y generar sistemas en los que el humano ha desaparecido. En este caso, en la exposición hay robots que están realizando performances que no tienen ni principio ni final, en ausencia del humano, ¿no?
Yo creo que la automatización… la idea de automatización es esa. Es el reemplazamiento, llevar el reemplazamiento cada vez más lejos. La inteligencia artificial, yo creo que hoy en día la considero como sistemas de automatización, como los sistemas de automatización actuales.
Y hemos visto desde el taylorismo que esa automatización cada vez es llevada a más esferas de la vida humana, ¿no? Ya no solo a la producción de bienes de consumo, sino que la automatización está presente en todos los momentos de nuestra vida, en nuestro cotidiano, ¿no?

P. — Poniéndose en tu punto de vista de artista, ¿qué avance tecnológico relacionado con la inteligencia artificial le entusiasma más y cuál le preocupa realmente?
R. — Hombre, a mí me preocupa, por un lado, la falta de visión, ¿no? Es decir, de estas herramientas: ¿para qué las queremos realmente y qué se puede hacer con ellas que tenga un cierto valor para los humanos, ¿no?
Hoy en día está claro que hay una carrera por intentar lograr las inteligencias artificiales generales, pero en algún momento vamos a tener que realmente plantearnos estas tecnologías, hasta dónde debemos usarlas y dónde hay que ponerles límites, ¿no?
Yo creo que la reglamentación va a ser fundamental para dirigir estas tecnologías hacia que sean beneficiosas para la humanidad.
P. — Una de las preguntas de fondo de la exposición es qué estamos perdiendo al automatizar cada vez más aspectos de nuestra vida. En su opinión, ¿qué capacidad humana deberíamos proteger a toda costa frente a los algoritmos?
R. — Bueno, yo creo que… hablo mucho en la exposición de ello. La emancipación frente a la tecnología es fundamental, el hacking. O sea, al final, si estamos frente a tecnologías que no nos dejan manipularlas, meterles mano, hacérnoslas nuestras y hackearlas, y sobre todo conocerlas.
El secretismo alrededor de la inteligencia artificial yo creo que es extremadamente negativo para el desarrollo tecnológico, porque al final la tecnología hay que poder proyectarla en usos para los cuales ha sido desarrollada, pero también hay que ser creativo y experimentar con ella.
Entonces, yo creo que esos aspectos van a ser fundamentales para el desarrollo de estas tecnologías. Yo creo que hay que abrirlas y no cerrarlas, ¿no? Para mí eso es algo primordial.
P. — Ubíquese en el escenario de 2036, dentro de diez años. Vuelves a crear «La Sociedad Automática». ¿Qué cambiaría? ¿Su planteamiento sería más optimista o más pesimista que el actual?
R. — Yo, más que plantearlo así, lo que sí que puedo decir es que, cuando veo mi carrera, y que siempre he trabajado alrededor de estas temáticas, de estos conceptos… lo que sí que puedo decir es que cuando empecé, en 2008 o 2009, mi enfoque era mucho más la ciencia ficción, y la ciencia ficción popular. Es decir, eran obras que estaban muy conectadas a la literatura, al cine y a visiones distópicas como muy, bueno, supuestamente muy alejadas de la realidad.
Yo lo veía como algo muy conectado a la realidad, porque para mí la ciencia ficción siempre alimenta la realidad y la realidad alimenta la ciencia ficción. O sea, es una relación mucho más compleja de lo que la gente piensa.
En 2008 o 2009 mi trabajo era quizás más distópico y pop, mientras que hoy en día está mucho más conectado a nuestra realidad cotidiana. Lo que quiero decir con eso es que esas distopías que parecían muy lejanas hoy en día son mucho más presentes.