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Los 10 usos de la inteligencia artificial que pueden cambiar la forma de estudiar en la Universidad

  • Nacho Grosso
  • Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Escribiendo profesionalmente desde 2017 para medios de difusión y blogs en español.

Preguntar a una IA forma ya parte de la rutina de estudio de buena parte de los universitarios españoles. Ir a clase y leer los libros de la asignatura es imprescindible. Lo que ha cambiado es cómo se prepara un examen, cómo se organiza un trabajo o cómo se repasa la noche antes, con la inteligencia artificial para estudiar en la Universidad metida en cada uno de esos pasos. Estas son diez formas concretas en las que se está usando, con sus ventajas y también con sus límites.

Apuntes de cuarenta páginas reducidos a un resumen de cinco minutos

Subir un PDF de la asignatura, las diapositivas del profesor o los propios apuntes a herramientas como Gemini Notebook de Google permite acceder a un resumen estructurado en segundos. La diferencia frente a un buscador convencional es que estas herramientas trabajan solo con los documentos que ha subido el estudiante, así que el resumen sale de la fuente real y no de una respuesta genérica sacada de internet.

Captura: Nacho Grosso

Gemini Notebook va un paso más allá y puede convertir esos mismos apuntes en un audio a modo de resumen hablado, pensado para repasar de camino a clase. Ayuda a llegar antes al contenido importante, aunque el examen que entra al detalle sigue exigiendo leerse el temario completo.

El examen sorpresa que te haces tú mismo antes de que lo haga el profesor

Pedirle a una IA que convierta un tema en una batería de preguntas tipo test o de desarrollo es una de las formas más directas de comprobar si algo se ha entendido de verdad. El estudiante sube sus propios apuntes y pide preguntas de distinto nivel de dificultad, desde las más básicas hasta las que exigen relacionar varios conceptos.

El resultado funciona como un simulacro casero del examen, con la ventaja de que se puede repetir tantas veces como haga falta hasta detectar los puntos flojos. La calidad de las preguntas depende de la calidad de los apuntes que se le den, así que sigue siendo el estudiante quien pone la base.

El tutor que no se cansa de repetir la misma duda

Cuando un concepto no termina de quedar claro en clase, muchos estudiantes recurren a la IA para que se lo explique de otra manera, con otro ejemplo o con otra analogía. OpenAI incorporó a ChatGPT un modo de estudio pensado justo para esto, que en lugar de dar la respuesta directa hace preguntas para guiar al estudiante hasta que llega a ella por su cuenta.

Esto busca fomentar lo que en pedagogía se llama aprendizaje activo, en vez de la copia automática de la respuesta. Funciona bien para entender un concepto de física o de derecho civil paso a paso. Para memorizar fechas o fórmulas, el repaso tradicional sigue rindiendo más.

Ensayar el oral sin pasar vergüenza delante de nadie

Antes de un examen oral, una defensa o una entrevista de prácticas, describirle a la IA el formato de la prueba y pedirle que haga de examinador permite practicar en voz alta sin la presión de equivocarse delante de un tribunal real. El chatbot puede lanzar preguntas de seguimiento, pedir que se argumente mejor una respuesta o señalar cuándo una explicación se ha quedado corta.

Los nervios del día real no los quita nadie. Lo que sí consigue este ensayo previo es llegar con las ideas más ordenadas y con menos silencios incómodos.

Una segunda lectura antes de entregar el trabajo

Pasar un trabajo por una IA para revisar gramática, redundancias o problemas de estructura se ha vuelto casi tan habitual como pasar el corrector ortográfico. Puede señalar frases confusas, párrafos que se repiten o una conclusión que no cierra bien las ideas del desarrollo.

El matiz importante está en dónde se traza el límite. Esta revisión funciona bien para pulir la forma del texto. Usar la IA para que piense el argumento del trabajo entra en el terreno de la integridad académica, donde cada universidad marca sus propias reglas y no todas permiten lo mismo.

Fuente: Unsplash

Del folio en blanco al esquema ordenado en segundos

Convertir un tema denso en un esquema con sus apartados, subapartados y relaciones entre ideas es otro de los usos más extendidos. La IA parte del texto que se le entrega y propone una estructura jerárquica que, muchas veces, cuesta ver a simple vista cuando se lleva horas leyendo lo mismo.

Ese esquema sirve como punto de partida para un mapa mental que el estudiante puede dibujar a mano o con cualquier aplicación de notas. Ese paso manual sigue ayudando a fijar la información mejor que copiarla tal cual.

Practicar el idioma del del Erasmus sin salir de la biblioteca

Para quienes tienen una asignatura en una lengua extranjera, preparan un B2 o se van de Erasmus, hablar con un chatbot en otro idioma es una forma barata de practicar conversación fuera del horario de clase. El estudiante puede pedir que le corrijan cada frase, que le propongan vocabulario específico de su carrera o que simulen una entrevista académica en el idioma de destino.

La práctica con hablantes nativos no tiene sustituto real. Lo que gana el estudiante aquí es perder el miedo a hablar antes de hacerlo delante de otra persona.

Un calendario que se adapta a las fechas de entrega, no al revés

Dar a la IA la lista de exámenes y trabajos de un cuatrimestre, con sus fechas, sirve para que proponga un calendario de estudio realista, con los días repartidos según la dificultad de cada asignatura. Es útil sobre todo en las semanas en las que se acumulan varias entregas y cuesta decidir por dónde empezar.

El plan que devuelve la IA es solo una propuesta de partida. Ajustarlo al ritmo real de cada estudiante, con sus horas de trabajo, deporte o clases prácticas, es tarea que le sigue tocando a la persona.

Encontrar y ordenar fuentes académicas, con la lectura crítica de siempre

Para un trabajo de fin de grado o un ensayo, la IA puede ayudar a localizar artículos relacionados con un tema y a organizar las referencias en un formato de cita determinado. Ahorra tiempo en la parte más mecánica de la investigación.

Aquí conviene mantener el mismo cuidado de siempre con cualquier fuente digital. Los chatbots generalistas pueden inventar referencias que no existen o atribuir datos a estudios que dicen otra cosa, así que cada fuente que proponga la IA debe comprobarse en la base de datos académica original antes de citarla.

Ensayar la defensa del TFG antes de entrar en el aula

Con el trabajo de fin de grado o de máster ya cerrado, muchos estudiantes usan la IA para anticipar las preguntas que puede hacer el tribunal, a partir del propio índice y las conclusiones del trabajo. También sirve para revisar que la presentación de diapositivas cuenta la misma historia que el documento escrito, sin contradicciones entre lo que se lee y lo que se dice en voz alta.

Universidades y compañías tecnológicas han empezado a formalizar este tipo de apoyo. Google, por ejemplo, ofrece a los universitarios de España acceso gratuito durante un año a su plan Google AI Pro, que incluye Gemini, Notebook y almacenamiento adicional, según ha anunciado la propia compañía. Las grandes tecnológicas han convertido el uso académico de la IA en una apuesta declarada por el público universitario, y esa oferta es la prueba más directa.