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SIEMBRA DE NUBES

Solo 374 gramos de yoduro de plata: Rainmaker asegura que su siembra de nubes con drones generó 71 millones de litros de lluvia en Alaska

El informe de la empresa habla de siete misiones en tres horas, 374,3 gramos de yoduro de plata y una zona mojada de 249,53 km², con un rango entre los percentiles 5 y 95 de 41,70 a 89,35 acres-pie.

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La empresa californiana Rainmaker Technology Corporation calcula que dos de sus drones provocaron 71 millones de litros de lluvia nueva en la península de Kenai, en Alaska. Ocurrió durante tres horas del 23 de agosto de 2026. La compañía soltó 19 bengalas con 374,3 gramos de yoduro de plata, según su informe de validación del 24 de agosto.

La cifra exacta es una media de 57,62 acres-pie, que equivale a 71.072 metros cúbicos. Un acre-pie es el agua que cubriría un acre, unos 4.047 metros cuadrados, con un pie de profundidad. El rango entre los percentiles 5 y 95 de las estimaciones va de 41,70 a 89,35 acres-pie, entre unos 51.400 y 110.200 metros cúbicos.

Siete misiones sobre Kenai

La operación la hicieron los drones Elijah EL-151 y EL-153. Rainmaker los describe en su resumen de resultados como aparatos de menos de 25 kilos. Vuelan de forma autónoma entre nubes con engelamiento severo.

Entre las 06:38 y las 09:33 UTC realizaron siete misiones. En las tres primeras trabajaron los dos drones a la vez. En las cuatro últimas voló solo el EL-151, con dos bengalas por misión.

Cada bengala dispersó unos 19,7 gramos de yoduro de plata durante unos 3,5 minutos. Esta sal sirve de núcleo para que se formen cristales de hielo en nubes con agua líquida bajo cero. Al crecer, esos cristales caen como nieve en altura y como lluvia cuando llegan a zonas más cálidas.

Las tres primeras misiones volaron a unos 3,6 kilómetros de altitud y las misiones 4 a 6 subieron hasta unos 4,2 kilómetros. Allí la temperatura mediana rondaba los 13 grados bajo cero. Según el informe, el yoduro de plata funciona mejor cerca de los 15.

Los globos sonda lanzados desde el lugar de la suelta situaron la isoterma de cero grados a unos 1.874 metros y la de 5 grados bajo cero a 2.813. El viento en altura no pasaba de 20 nudos, unos 37 kilómetros por hora. El límite del dron es de 45 nudos, unos 83.

Nubes sobre las montañas junto al mar, imagen que Rainmaker publicó con los resultados de su campaña en Alaska. (Foto: Rainmaker Technology Corporation)

Siete huellas en el radar

Para atribuir la lluvia a las bengalas, el equipo buscó en el radar NEXRAD de PAHG las llamadas huellas de siembra. Son zonas donde aumenta la reflectividad aguas abajo de cada suelta. Encontró siete, una por misión, que el informe etiqueta de la A a la G.

Las huellas aparecieron entre 17,4 y 40,4 minutos después de cada suelta. La B duró 98,1 minutos y llegó a ocupar 41,2 kilómetros cuadrados, la mayor extensión de las siete.

La B y la C aportaron más de la mitad del total estimado, con más de 14 acres-pie cada una. La zona mojada, definida como la que recibió más de 0,01 milímetros, abarcó 249,53 kilómetros cuadrados. En su núcleo cayó más de un milímetro atribuible a la siembra, según la media de los cálculos.

Cómo salen los 71 millones

La conversión de radar a lluvia sigue un método parecido al de la campaña SNOWIE del Centro Nacional de Investigación Atmosférica de Estados Unidos (NCAR), de 2017. El equipo aplicó 27 relaciones matemáticas entre la reflectividad y la nieve caída y promedió los resultados.

Como había lluvia natural alrededor, los investigadores restaron 5 dBZ, una unidad que mide la intensidad del eco del radar, a todos los puntos del mapa. Según el informe, ese ajuste estima el aumento sobre la lluvia que habría caído sin siembra. También reduce el efecto de los errores al dibujar a mano el contorno de cada huella.

Una cuenta sencilla ayuda a ponerlo en escala. Si los 71.072 metros cúbicos se repartieran por igual sobre los 249,53 kilómetros cuadrados, saldrían unos 0,28 milímetros de agua. Ese dato es un cálculo propio que no aparece en el documento.

Estimada con radar, no medida

El propio informe aclara que el margen entre las 27 estimaciones «no representa la incertidumbre total». Suma otras fuentes de error. Entre ellas están la calibración del radar, la evaporación bajo el haz y la mezcla con precipitación natural débil.

El haz más bajo del radar estaba a unos 1.800 metros de altitud cerca de la zona de suelta y subía conforme las huellas se alejaban. Medía sobre todo hielo y no la lluvia del suelo.

Las estimaciones del sistema MRMS indicaron menos de 5 milímetros de lluvia en el oeste de la península durante la siembra. Las huellas se formaron dentro de una lluvia natural que se debilitaba.

Los datos de la empresa tampoco coinciden del todo. El resumen del blog habla de 10 vuelos entre las 06:30 y las 09:23 UTC. El informe detalla siete misiones y 19 bengalas entre las 06:38 y las 09:33.

El documento lo firma el equipo de investigación de Rainmaker. Su texto reconoce que el entorno era favorable, pero no siempre rico en agua líquida superenfriada. Como recuerda este repaso al plan de Marruecos, la siembra de nubes tampoco crea nubes donde no las hay.

Antecedentes en tres estados

Rainmaker ya usaba drones para sembrar nubes en Utah e Idaho. Su blog asegura que este año obtuvo resultados validados también en Oregón. Dice haber producido más de 145 millones de galones de precipitación, unos 549 millones de litros, en cuatro meses.

Según su dosier de prensa, la compañía la dirige su fundador y consejero delegado, Augustus Doricko. El informe de Alaska sostiene que los resultados sirven como «una prueba de concepto crítica» para esta técnica. La empresa planea seguir refinando su plataforma el próximo invierno.

La siembra con drones forma parte de un debate más amplio sobre la geoingeniería del clima.

Contact Reality, película de presentación de la empresa. Vídeo: Rainmaker Technology Corporation

El informe de validación se ha publicado en el blog de Rainmaker el 24 de agosto de 2026.

Crédito de la imagen: Rainmaker Technology Corporation.