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DESALADORAS

Buzos trabajan durante semanas para recuperar una “bestia de 75 toneladas” que había terminado su túnel bajo el mar en Australia

¿Qué se hace con una tuneladora de 75 toneladas cuando acaba su trabajo bajo el mar? Casi siempre se deja enterrada. En Belmont, al sur de Newcastle (Australia), ha hecho falta un equipo de buzos para rescatarla del fondo del océano tras excavar 830 metros bajo la playa para la nueva desaladora de Hunter Water, la empresa pública de aguas.

La máquina se llama Rhiannan y ha dejado instalada una tubería de 2,4 metros de diámetro para llevar agua de mar a la planta. El Gobierno de Nueva Gales del Sur, que anunció la operación el 31 de julio de 2026, la considera una de las fases más arriesgadas de una obra de 530 millones de dólares australianos (unos 328 millones de euros). ¿Por qué tanto lío? Porque acabó donde no podía quedarse.

Un túnel de 830 metros bajo la playa

La desaladora se levanta junto a Nine Mile Beach y toma el agua a unos 800 metros de la orilla. Para llevarla a la planta sin abrir una zanja en la arena, la constructora John Holland eligió una microtuneladora, que perfora y va dejando la tubería colocada detrás.

El sistema se llama hinca de tubería. Unos gatos hidráulicos en un pozo en tierra empujan la máquina y, cada vez que avanza unos metros, se añade un tubo de hormigón a la cola. Nada que ver con las máquinas de excavación que abren galerías. Es como clavar una pajita en un granizado empujando desde arriba.

Rhiannan empezó a excavar a finales de 2025 y trabajó las 24 horas. En marzo de 2026 superaba los 450 metros y en mayo rondaba los 700. Mientras tanto, una plataforma elevable (una barcaza apoyada sobre patas en el fondo) hundía cuatro grandes anillos de hormigón que forman la estructura de captación.

Por qué no podía quedarse enterrada

Lo normal es dejar la máquina donde termina, taparla con cemento y olvidarse. Pasa con muchas tuneladoras, como Lily, en Inglaterra. Aquí no valía. Rhiannan asomó dentro de la propia estructura de captación, que debe quedar despejada para que entre el agua.

Una máquina de hinca no puede dar marcha atrás en la práctica, porque es más ancha que el interior de los tubos que deja detrás. Por eso la salida se diseñó antes de empezar. En junio, según la actualización de obra de Hunter Water, ya esperaba dentro de los cajones una cuna de recuperación.

Semanas de trabajo para los buzos

La recuperación llevó varias semanas, según el Gobierno estatal. Primero, buzos especializados retiraron los escombros de alrededor de la máquina. Después colocaron y alinearon una cuna de apoyo para guiarla hasta su posición de salida.

Con la tuneladora sellada y estabilizada, los buzos conectaron el sistema hidráulico que la empujó fuera para izarla. Las 75 toneladas, el peso de unos 50 coches medianos, subieron así a la barcaza. ¿Y el hueco que dejó? Lo cubre ahora una cúpula que protege la toma.

Jennifer Hayes, directora general de Hunter Water, habló de «un logro importante». Según ella, la maniobra «refleja la pericia técnica, la planificación y el trabajo en equipo» que exige una infraestructura así.

Una maniobra poco habitual

Sacar una tuneladora del fondo del mar es raro en Australia, según el comunicado oficial. Uno de los pocos precedentes documentados está en Nueva York, donde en julio de 2019 se rescató de un embalse, a unos 41 metros de profundidad, una microtuneladora de 2,9 metros de diámetro que había perforado unos 645 metros.

De hecho, el organismo neoyorquino describió aquella operación como única. En Belmont el reto era distinto, en mar abierto, donde el oleaje y las corrientes complican cualquier maniobra.

Qué viene ahora y cuánto costará

Con la barcaza de vuelta en el puerto de Newcastle desde agosto de 2026, la obra pasa a tierra firme. Toca instalar bombas, cuadros eléctricos y tuberías y conectar la toma marina con la planta. Si se cumple el calendario, la desaladora arrancará en 2028.

Producirá hasta 30 millones de litros de agua potable al día, unas doce piscinas olímpicas, alrededor del 15% del consumo de la región del Bajo Hunter. Nació como planta temporal contra la sequía y en 2024 pasó a ser permanente. Hunter Water calcula que la factura del agua subirá unos 90 dólares australianos al año por hogar (unos 56 euros).

¿Y el nombre? Lo eligieron alumnos de dos colegios de la zona en homenaje a Rhiannan Iffland, vecina de Belmont y cinco veces campeona del mundo de saltos de gran altura, desde 20 metros. Una saltadora que entra en el agua y una máquina que sale de ella. Tiene su gracia.

La nota de prensa oficial se ha publicado en la web del Gobierno de Nueva Gales del Sur.