Sociedad
FAMOSOS

Así es como llaman Irene Rosales y Kiko Rivera sus actuales parejas: exactamente igual

Tras casi una década de vida en común, el matrimonio formado por Irene Rosales y Kiko Rivera ha cerrado definitivamente una etapa marcada por la exposición, las crisis mediáticas y la construcción de una familia con dos hijas en común. La separación, producida tras nueve años de matrimonio, se gestionó inicialmente con discreción, pero meses después se confirmó que ambos habían rehecho sus vidas sentimentales. Él junto a Lola, una bailarina alejada del foco televisivo, y ella con Guillermo, un empresario sevillano que se ha convertido en su principal apoyo emocional.

Aunque la ruptura supuso un punto de inflexión en sus trayectorias personales, los dos han optado por mostrar una imagen de serenidad y estabilidad, evidenciando que el proceso de duelo ha dado paso a una etapa de reconstrucción emocional.

En sus respectivas apariciones públicas, ambos transmiten una sensación de paz que contrasta con los momentos más convulsos de su relación pasada. Esa voluntad de empezar de nuevo se ha visto reforzada por la manera en que han presentado a sus nuevas parejas: como personas capaces de aportar equilibrio, bienestar y una renovada ilusión por el futuro.

Un detalle muy curioso

Pese a haber tomado caminos separados, existe una coincidencia que ha llamado poderosamente la atención de sus seguidores. Tanto Irene como Kiko han descrito a sus nuevas parejas con el mismo término: «persona vitamina», una expresión cada vez más extendida para definir a quienes generan bienestar emocional y fortalecen la autoestima de quienes les rodean. La coincidencia no parece fruto de una estrategia conjunta, sino de una percepción compartida sobre el papel que Lola y Guillermo desempeñan en sus respectivas vidas.

Desde el punto de vista psicológico, el concepto de «persona vitamina» alude a individuos que ayudan a reducir los niveles de cortisol y favorecen la liberación de oxitocina, vinculada al apego y la confianza. Se trata de perfiles resilientes, empáticos y positivos, capaces de crear entornos emocionales seguros.

Irene Rosales ha compartido en sus redes sociales una imagen acompañada de un breve mensaje en el que se refiere a Guillermo como «mi vitamina», una expresión que resume la estabilidad que asegura haber encontrado. En las instantáneas se la observa relajada y sonriente, transmitiendo una sensación de calma que ha sido ampliamente comentada por sus seguidores.

Kiko Rivera está muy enamorado

Por su parte, Kiko Rivera ha mostrado una faceta especialmente ilusionada, describiendo su relación con Lola como un amor que le recuerda a la intensidad de la juventud. El músico ha recurrido a sus perfiles digitales para expresar abiertamente sus sentimientos, asegurando que la bailarina le aporta una felicidad difícil de explicar. Su entusiasmo se ha materializado en múltiples gestos públicos, entre ellos una carta publicada con motivo del día de San Valentín que, lejos de pasar desapercibida, generó un intenso debate en redes.

Kiko Rivera con su novia, Lola. (Foto: Instagram)

En ese mensaje, el artista reconocía la existencia de críticas y polémicas en torno a su relación, pero reivindicaba su derecho a vivir el amor al margen de expectativas externas. Sus palabras, centradas en la compatibilidad espontánea y la paz que afirma sentir junto a su pareja, pretendían blindar su vínculo frente al ruido mediático.

El compromiso emocional del músico ha ido más allá de las declaraciones públicas. En un gesto cargado de simbolismo, Kiko Rivera ha compuesto una canción dedicada a Lola, titulada con el nombre de la bailarina, consolidando así la dimensión artística de su relación. La joven ha respondido agradecida, aprovechando también para pronunciarse sobre las críticas recibidas y defender la importancia del respeto y la empatía en el debate público.

Lola, novia de Kiko Rivera

La reacción de Lola ante los comentarios negativos ha sido firme, subrayando que la crítica carente de respeto no constituye una opinión legítima, sino una manifestación de carencias emocionales. En su mensaje, reivindica el valor de la paz personal por encima de cualquier juicio externo, apelando a la empatía y a la inteligencia emocional.

Esta postura evidencia un cambio en la forma en que las figuras públicas gestionan la exposición mediática de su vida privada. Frente a etapas anteriores marcadas por la sobreexposición y el conflicto, tanto Irene como Kiko parecen haber adoptado estrategias orientadas a proteger su bienestar emocional y el de sus nuevas parejas.

A pesar de llevar pocos meses juntos, la relación entre Kiko Rivera y Lola ha evolucionado con rapidez, consolidándose como un pilar emocional para ambos. El músico no ha dudado en prometerle amor eterno en varias ocasiones, expresando públicamente su gratitud y su deseo de seguir mereciendo su compañía.

La coincidencia en el lenguaje, la defensa de la intimidad y la reivindicación de relaciones que aportan paz dibujan un escenario en el que el amor, más que un espectáculo, se presenta como un espacio de cuidado mutuo. Una nueva etapa que, según transmiten, se construye sin forzar y con la convicción de que la felicidad también puede surgir después de cerrar un capítulo tan largo como el que compartieron.