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Qué es el virus del Nilo Occidental, cómo se transmite y cómo protegerse tras el primer fallecimiento en Andalucía

El virus del Nilo Occidental (West Nile Virus) pertenece a la familia de los Flavivirus, la misma a la que pertenecen el dengue, la fiebre amarilla o el virus Zika

Virus del Nilo
Dos trabajadores fumigan contra los mosquitos causantes del virus del Nilo en Coria del Río, Sevilla.
Diego Buenosvinos

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Andalucía ha registrado el primer fallecimiento por virus del Nilo Occidental de este año. La víctima es un hombre de 82 años, vecino de Dos Hermanas (Sevilla) y con patologías previas, que permanecía ingresado en el Hospital Universitario Virgen de Valme tras ser diagnosticado de meningoencefalitis causada por este virus. Con este caso, la comunidad suma ya 17 infecciones confirmadas en la presente temporada, la mayoría en la provincia de Sevilla, donde las autoridades sanitarias mantienen una estrecha vigilancia epidemiológica y han declarado nuevas zonas en alerta.

La muerte ha vuelto a poner el foco sobre una enfermedad que cada verano reaparece en algunas zonas de España y que, aunque en la mayoría de los casos pasa desapercibida, puede provocar graves complicaciones neurológicas en personas vulnerables.

Un virus que circula entre aves y mosquitos

El virus del Nilo Occidental (West Nile Virus) pertenece a la familia de los Flavivirus, la misma a la que pertenecen el dengue, la fiebre amarilla o el virus Zika. Su reservorio natural son las aves silvestres, especialmente las migratorias, mientras que los mosquitos del género Culex actúan como vectores, transmitiendo la infección al picar primero a un ave infectada y posteriormente a una persona o a un caballo.

Los seres humanos y los équidos se consideran hospedadores accidentales, ya que normalmente no desarrollan una carga viral suficiente para transmitir la enfermedad a otros mosquitos. Por ello, el virus no se contagia de persona a persona por contacto habitual. Las excepciones son extremadamente raras y se han descrito principalmente en transfusiones sanguíneas, trasplantes de órganos o de madre a hijo durante el embarazo.

La mayoría de los infectados no presenta síntomas

Uno de los aspectos que dificulta el control epidemiológico es que alrededor del 80 % de las personas infectadas nunca desarrolla síntomas o presenta molestias muy leves.

En aproximadamente un 20 % aparece la denominada fiebre del Nilo Occidental, un cuadro similar a una gripe que suele manifestarse con fiebre, dolor de cabeza, cansancio intenso, dolores musculares y articulares, náuseas o erupciones cutáneas.

Sin embargo, menos del 1 % de los infectados desarrolla enfermedad neuroinvasiva, la forma más grave de la infección. En estos casos, el virus alcanza el sistema nervioso central y puede producir meningitis, encefalitis o meningoencefalitis, como ocurrió en el paciente fallecido en Andalucía. Estas complicaciones pueden ocasionar alteraciones de la conciencia, desorientación, convulsiones, debilidad muscular, parálisis e incluso la muerte. El riesgo aumenta especialmente en personas mayores de 60 años y en pacientes inmunodeprimidos o con enfermedades crónicas.

¿Existe tratamiento?

Actualmente, no existe un tratamiento antiviral específico frente al virus del Nilo Occidental ni tampoco una vacuna autorizada para uso humano.

La atención médica se basa en medidas de soporte: hidratación, control de la fiebre, tratamiento de las complicaciones neurológicas y cuidados intensivos cuando son necesarios. En los casos graves puede ser preciso el ingreso hospitalario durante varios días o semanas.

Precisamente por la ausencia de un tratamiento curativo, la prevención constituye la herramienta más eficaz para reducir el riesgo de infección.

Cómo reducir el riesgo de picaduras

Las autoridades sanitarias recomiendan extremar las medidas de protección durante los meses de mayor actividad de los mosquitos, especialmente entre el atardecer y el amanecer.

Entre las principales recomendaciones destacan:

  • Utilizar repelentes autorizados sobre la piel expuesta.
  • Vestir ropa de manga larga y pantalón largo en zonas de riesgo.
  • Instalar mosquiteras en puertas y ventanas.
  • Evitar la acumulación de agua estancada en macetas, cubos, piscinas desmontables o recipientes donde puedan reproducirse los mosquitos.
  • Mantener adecuadamente piscinas, fuentes y depósitos de agua.
  • Proteger especialmente a las personas mayores y con enfermedades crónicas durante los periodos de mayor circulación del virus.

En Andalucía, además de la vigilancia sanitaria sobre la población, se realizan controles entomológicos para detectar mosquitos infectados y actuaciones de control ambiental destinadas a reducir su proliferación.

Cuándo acudir al médico

Tras una picadura de mosquito, la aparición de fiebre no implica necesariamente una infección por virus del Nilo, ya que la mayoría de las picaduras solo producen una reacción local.

No obstante, se recomienda consultar con un profesional sanitario si en los días posteriores aparecen fiebre elevada, cefalea intensa, rigidez de cuello, somnolencia, desorientación, debilidad muscular o cualquier síntoma neurológico, especialmente si la persona reside o ha permanecido en una zona donde circula el virus.

La confirmación del diagnóstico se realiza mediante pruebas específicas de laboratorio y, en los casos con afectación neurológica, suele requerir ingreso hospitalario para un seguimiento estrecho.

Aunque la mayoría de las infecciones evolucionan favorablemente, el fallecimiento registrado en Andalucía recuerda que el virus del Nilo Occidental sigue siendo un problema emergente de salud pública en determinadas zonas de España y que la prevención frente a las picaduras continúa siendo la mejor estrategia para evitar las formas más graves de la enfermedad.

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