Carmen Lomana (78 años) rejuvenece su mirada con este retoque estético de efecto natural: «No quiero un ojo así de espantada»
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Con la naturalidad que la caracteriza, Carmen Lomana ha compartido el retoque estético al que acaba de someterse. La socialité ha explicado que se ha realizado una blefaroplastia para eliminar el exceso de piel y las bolsas de los párpados, acompañada de un punto de anclaje en la ceja para elevar sutilmente la mirada. Un procedimiento que responde a una de las grandes tendencias de la cirugía estética actual: rejuvenecer el rostro sin cambiar la expresión.
«Yo no quiero que me quede un ojo así de espantada»
La mirada es una de las zonas que más delata el paso del tiempo. La piel del contorno de los ojos es la más fina del rostro y, con los años, pierde firmeza y elasticidad. A ello se suma el descenso progresivo de la cola de la ceja, la aparición de bolsas y el exceso de piel en el párpado superior, factores que hacen que el rostro transmita un aspecto cansado o triste incluso cuando la persona está descansada.
Precisamente por eso, la blefaroplastia se ha convertido en una de las cirugías faciales más demandadas. Sin embargo, la técnica ha evolucionado notablemente. Si hace unos años el objetivo era eliminar piel, hoy los especialistas buscan respetar la anatomía del ojo y conseguir un resultado natural, evitando cualquier efecto artificial o una mirada excesivamente abierta.
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Aquí es donde entra en juego el anclaje de la ceja, una técnica que cada vez acompaña con mayor frecuencia a la blefaroplastia. Consiste en reposicionar ligeramente la parte externa de la ceja mediante un punto de fijación, devolviendo soporte a los tejidos que han cedido con el paso del tiempo. El objetivo no es arquear la ceja ni crear la famosa «mirada de sorpresa», sino abrir el ojo de forma sutil y devolver frescura al rostro.
No es casualidad que Carmen Lomana insistiera en que no quería quedar «espantada». De hecho, ese es el mayor temor de muchos pacientes, y también una de las principales preocupaciones de los cirujanos especializados en rejuvenecimiento facial. La tendencia actual apuesta por resultados discretos, donde la gente perciba que la persona tiene mejor aspecto, pero sin identificar exactamente qué se ha hecho.
La combinación de ambas técnicas ofrece un rejuvenecimiento mucho más armónico. Mientras la blefaroplastia elimina el exceso de piel y trata las bolsas, el anclaje de la ceja recupera la apertura natural de la mirada, especialmente en la zona externa del ojo, donde suele producirse el mayor descenso con la edad. El resultado es un contorno ocular más despejado, luminoso y descansado, manteniendo intacta la personalidad del rostro.
Además del efecto estético, muchas personas experimentan una mejora funcional. Cuando existe un exceso importante de piel en el párpado superior, este puede dificultar incluso el maquillaje, algo que la propia Lomana comentaba con humor al explicar que le sobraba «piel como para hacerse un bolso». En otros casos, esa piel puede llegar a limitar ligeramente el campo visual, por lo que la intervención también aporta comodidad en el día a día.
El auge de este procedimiento también responde a un cambio en la forma de entender la belleza. Ya no se buscan transformaciones radicales, sino pequeños retoques que permitan verse descansado, fresco y natural. La influencia de las redes sociales, las videollamadas y las cámaras de alta definición ha hecho que la mirada se convierta en el principal foco de atención del rostro, aumentando el interés por tratamientos que rejuvenecen sin alterar la identidad.