La psicología sugiere que las personas que justifican todo no es por transparencia: tienen la autoestima demasiado baja
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Justificarse por todo, incluso por decisiones mínimas que no requieren ninguna explicación, como no ir a una quedada con amigos, se suele confundir con buena educación o con ganas de mantener una relación transparente. Pero cuando ese hábito se repite en casi cualquier situación, cabe preguntarse si detrás no hay algo más profundo, como una autoestima demasiado baja.
Y es que a veces es precisamente esa autoestima baja la que empuja a buscar aprobación constante. La psicología social lleva más de medio siglo investigando por qué ciertas personas necesitan validar cada palabra y cada acto propio frente a los demás, y las conclusiones apuntan en una dirección bastante concreta.
¿Por qué justificarse todo el tiempo no es lo mismo que ser transparente, sino que podría ser una señal de autoestima baja?
La explicación con más recorrido científico viene de la teoría del sociómetro, formulada por el psicólogo Mark Leary junto a Roy Baumeister y publicada en la revista Advances in Experimental Social Psychology. Según esta teoría, la autoestima funciona como un medidor interno que indica cuánto valoran y aceptan los demás a una persona, no como un simple termómetro del ego.
Cuando ese medidor marca niveles bajos, el cerebro interpreta que existe riesgo de rechazo o exclusión social, y activa comportamientos destinados a evitarlo.
Justificar cada decisión, cada ausencia o cada opinión es, según esta teoría, una forma de anticiparse al juicio ajeno antes de que ese juicio llegue a producirse siquiera.
Ese mecanismo tendría sentido desde un punto de vista evolutivo: en grupos humanos pequeños y muy dependientes entre sí, quedar excluido de la tribu podía llegar a poner en riesgo la propia supervivencia.
¿Qué otro estudio respalda esta relación entre justificarse y la autoestima demasiado baja?
Décadas antes, los psicólogos Douglas Crowne y David Marlowe ya habían detectado algo parecido al construir su famosa escala de deseabilidad social, en 1960.
Lo que en un principio pensaban medir era simplemente la tendencia a responder de forma socialmente aceptable en un test, pero terminaron topándose con un rasgo mucho más estable: la necesidad de aprobación.
Esa escala, todavía utilizada en investigación psicológica hoy en día, muestra que las personas con mayor necesidad de aprobación externa suelen presentar también más inseguridad y más ansiedad social, el mismo terreno donde germina la costumbre de justificarlo absolutamente todo.
¿Cómo se manifiesta en el día a día esta autoestima demasiado baja?
Varias psicólogas coinciden en un mismo síntoma cotidiano. La persona con autoestima baja se defiende y se explica incluso antes de que nadie la haya cuestionado.
La psicóloga española Silvia Congost, egresada de la Universidad de Girona, lo resume así mediante un artículo que se puede visitar en línea: buena parte de quienes se justifican en exceso arrastran la creencia de que deben «ofrecer algo a cambio» para merecer aprobación o cariño, en lugar de asumir que su palabra ya es suficiente.
Inclusive, ese patrón también aparece disfrazado de culpa. Aunque la persona no tenga responsabilidad real en una situación concreta, siente la obligación de dar explicaciones, como si cualquier decisión propia necesitara pasar primero por la aprobación de otra persona.
Por su parte, la psicóloga Ainhoa Vila (también española) señala algo similar: la señal más clara de autoestima baja no es la inseguridad evidente, sino explicarse de más y defenderse antes incluso de haber sido atacado.
¿Se puede dejar de justificarse tanto?
Distinguir entre una explicación legítima (llegar tarde a una cita, incumplir un compromiso) y una justificación innecesaria (defender por qué se prefiere quedarse en casa un sábado) es el primer paso para frenar este patrón.
La segunda no responde a ninguna norma social real, sino al miedo a la propia reacción del otro. Practicar respuestas breves, sin añadir motivos de más, ayuda a comprobar en la práctica que la relación con esa persona no se resiente en absoluto por ello.
Quienes logran dejar de justificarse probablemente no lo consigan porque de pronto ganen seguridad de la nada. Simplemente empiezan a notar que casi nadie, en realidad, había pedido esa explicación.
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