El premio Nobel de Medicina alerta sobre el desconocimiento del sentido de la propiocepción en la población
La importancia de la propiocepción se aprecia con claridad cuando aparece alguna alteración en este sistema
Gracias a ella podemos caminar sin mirar nuestros pies
Aunque resulta fundamental para casi cualquier actividad cotidiana, sigue siendo una gran desconocida
Hay sentidos que todos conocemos desde la infancia. La vista, el oído, el gusto, el olfato y el tacto forman parte de cualquier explicación básica sobre cómo percibimos el mundo. Sin embargo, existen otros mecanismos igual de importantes para nuestra vida diaria que pasan completamente desapercibidos. Uno de ellos es la propiocepción, una capacidad que utilizamos constantemente sin ser conscientes de ello. Ardem Patapoutian, Premio Nobel de Medicina en 2021, lo destaca en una entrevista a El País.
Gracias a ella podemos caminar sin mirar nuestros pies, tocar la punta de nuestra nariz con los ojos cerrados o mantener el equilibrio mientras nos movemos. Aunque resulta fundamental para casi cualquier actividad cotidiana, sigue siendo una gran desconocida para la mayoría de la población. Ardem Patapoutian, en El País, asegura que «el 90% de las personas ni siquiera sabe que tiene el sentido de la propiocepción». La afirmación sorprende, pero también refleja una realidad: solemos prestar atención a aquello que falla, no a los sistemas que funcionan perfectamente cada día.
El sentido de la propiocepción en la población
Patapoutian ha dedicado buena parte de su carrera a estudiar cómo el cuerpo detecta estímulos físicos como la presión, el tacto o la posición corporal. Sus descubrimientos han permitido comprender mejor algunos de los mecanismos más complejos de la percepción humana y han abierto nuevas vías de investigación en medicina y neurociencia.
Qué es exactamente la propiocepción
La propiocepción es la capacidad que tiene el organismo para conocer la posición y el movimiento de las distintas partes del cuerpo sin necesidad de utilizar la vista. Una información que el cerebro recibe constantemente a través de receptores especializados situados en músculos, tendones y articulaciones.
Gracias a este sistema sabemos dónde están nuestras manos, aunque no las estemos mirando o cuánta fuerza debemos aplicar para levantar un objeto sin que se nos caiga. Es un proceso automático, silencioso y extraordinariamente preciso.
Sin esta capacidad, acciones tan simples como caminar, subir unas escaleras o escribir en un teclado resultarían mucho más complicadas.
El trabajo de Ardem Patapoutian sobre la propiocepción
El interés de Patapoutian por los mecanismos sensoriales le llevó a investigar cómo el cuerpo transforma estímulos físicos en señales nerviosas que el cerebro puede interpretar.
Sus estudios permitieron identificar receptores celulares fundamentales para percibir el tacto, la presión y otros estímulos mecánicos. Estos hallazgos tuvieron una enorme importancia científica porque ayudaron a explicar procesos que hasta entonces seguían siendo poco conocidos.
El National Institutes of Health destacó precisamente la importancia de estas investigaciones para comprender cómo los seres humanos interactúan con su entorno físico y cómo determinados trastornos sensoriales pueden afectar a la calidad de vida.
Un sentido que utilizamos constantemente
La mayoría de las personas nunca piensa en la propiocepción porque funciona de manera automática. Sin embargo, interviene prácticamente en cada movimiento que realizamos.
Cuando una persona conduce, practica deporte, baila o simplemente camina por la calle, está utilizando este sistema de orientación corporal. Incluso al permanecer de pie sin perder el equilibrio, la propiocepción trabaja de forma continua.
Es uno de esos ejemplos fascinantes de cómo el cuerpo humano realiza tareas extremadamente complejas sin que seamos conscientes de ello.
Qué ocurre cuando falla la propiocepción
La importancia de la propiocepción se aprecia con claridad cuando aparece alguna alteración en este sistema. Las personas que sufren determinados trastornos neurológicos o lesiones graves pueden experimentar dificultades para coordinar movimientos o mantener el equilibrio.
En estos casos, acciones cotidianas que normalmente realizamos sin pensar requieren un enorme esfuerzo de concentración. Algunos pacientes necesitan observar constantemente sus extremidades para poder controlar sus movimientos.
Esta situación demuestra hasta qué punto dependemos de un sentido que rara vez ocupa espacio en las conversaciones sobre salud.
Más allá de la ciencia
La figura de Patapoutian también resulta interesante por su propia historia personal. Nació en Beirut en una familia de origen armenio y emigró a Estados Unidos debido a la complicada situación política que atravesaba el Líbano.
Desde allí desarrolló una brillante carrera científica que culminó con la obtención del Premio Nobel. Sin embargo, más allá de los laboratorios y los reconocimientos, el investigador suele insistir en la importancia de la curiosidad, la creatividad y la capacidad de disfrutar del proceso de descubrimiento.
Esa visión más humana de la ciencia también explica parte del interés que despiertan sus reflexiones.
Lo que la propiocepción nos enseña
La propiocepción representa una lección interesante sobre cómo funciona nuestro organismo. Nos recuerda que gran parte de los procesos que sostienen nuestra vida diaria ocurren lejos de nuestra atención consciente.
Instituciones como la Universidad de Harvard han destacado la importancia de seguir investigando estos mecanismos para poder mejorar la comprensión de diversas enfermedades neurológicas y musculoesqueléticas.
Además, el entrenamiento de la propiocepción forma parte de muchos programas de rehabilitación física y prevención de lesiones deportivas.
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