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Estos son los ocho conservantes de uso común que se asocian con hipertensión y enfermedad cardiovascular

El riesgo de infarto de miocardio, ictus y angina, además de la hipertensión es mayor en las personas que consumen más alimentos ultraprocesados

El consumo de alimentos con conservantes y otros aditivos puede incrementar el riesgo de desarrollar hipertensión y enfermedades cardiovasculares, según un nuevo estudio publicado en la revista científica European Heart Journal, una publicación oficial de la Sociedad Europea de Cardiología.

El trabajo ha sido dirigido por Mathilde Touvier, directora del Instituto Francés de Salud e Investigación Médica, y Anaïs Hasenböhler, de la Universidad de la Sorbona, en París.

Como recuerda Hasenböhler, «los conservantes que se usan en cientos de miles de productos procesados destinados a la alimentación». Se tenía constancia de estudios previos que mostraban que algunos conservantes y aditivos pueden ser dañinos para la salud cardiovascular, pero hasta ahora no había suficientes evidencias sobre el impacto concreto de estos ingredientes en el organismo humano. «Por lo que sabemos, es el primer estudio de este tipo que ha investigado los vínculos entre un amplio espectro de conservantes y la salud cardiovascular», ha añadido.

El trabajo es parte de un análisis más amplio, llamado NutriNet-Santé, y en él se incluye información de 112.395 personas de toda Francia. Cada seis meses, los voluntarios informan a los investigadores de lo que han comido y bebido durante un periodo de tres días.

Los científicos llevaron a cabo análisis detallados de los ingredientes de todos los alimentos y bebidas, incluyendo conservantes. También llevaron a cabo un seguimiento de la salud de los participantes durante un periodo que osciló entre los siete y los ocho años, para ver si desarrollaban hipertensión o cualquier enfermedad cardiovascular.

Conservantes antioxidantes

Así, vieron que el 99,5% de los sujetos habían comido al menos un alimento con conservantes en los primeros dos años del estudio. En total, observaron que las mayores cantidades de conservantes ‘antioxidantes’ aumentan el riesgo de hipertensión en un 29% respecto al que tienen las personas que menos consumen. El riesgo de enfermedad cardiovascular se incrementa un 16% con el consumo. Eso incluía infarto de miocardio, ictus (infarto cerebral) y angina.

Además, los científicos analizaron 17 de los conservantes más frecuentes en productos de alimentación, y vieron que ocho de ellos están directamente relacionados con la hipertensión (valores elevados de presión arterial). Los «culpables» fueron sorbato de potasio (E202), metabisulfito de potasio (E224), nitrito de sodio (E250), ácido ascórbico (E300), ascorbato de sodio (E301) eritorbato de sodio (E316), ácido cítrico (E330) y extractos de romero (E392). Además, el ácido ascórbico (E300) está directamente relacionado con la enfermedad cardiovascular.

Touvier ha añadido: «Este estudio tiene ciertas limitaciones, propias de su diseño, pero los hallazgos que ha arrojado se basan en datos muy detallados, y hemos tenido en cuenta otros factores que pueden aumentar o reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Los estudios experimentales publicados sugieren de forma consistente que los conservantes pueden causar estrés oxidativo en el organismo y afectar al modo en el cual funciona el páncreas».

Estos resultados indican que es necesario que las autoridades lleven a cabo una reevaluación de los riesgos y beneficios de los aditivos alimentarios, tanto en Europa como en Estados Unidos, para proteger a los consumidores.
Entre tanto, estos hallazgos sirven para dar respaldo a las recomendaciones sobre la necesidad de priorizar alimentos no procesados, o mínimamente tratados, y evitar los aditivos siempre que sea posible. «Los médicos y otros profesionales sanitarios desempeñan una función clave a la hora de explicar estas recomendaciones al público», ha añadido.

A partir de ahora, el equipo de investigadores va a examinar cómo los aditivos y los alimentos ultraprocesados afectan a los signos de inflamación, estrés oxidativo, perfil metabólico y composición de la microbiota intestinal. Esto podría ayudar a comprender mejor por qué estos compuestos aumentan el riesgo de enfermedad.