El duelo invisible tras el fuego: cómo cuidar la salud mental de la población después de los incendios forestales
El verano de 2025 será recordado como uno de los más devastadores como consecuencia de los incendios forestales en las últimas décadas en España. Solo entre el 10 y el 22 de agosto, el fuego arrasó más de 350.000 hectáreas, elevando el balance anual por encima de las 400.000. Los incendios en Uña de Quintana (Zamora) y Chandrexa de Queixa (Ourense) se sitúan ya entre los mayores del siglo. Más allá de los daños visibles —montes arrasados, hogares destruidos, desalojos y transportes interrumpidos—, queda el duelo silencioso de quienes han perdido su entorno, su proyecto vital o incluso a seres queridos.
“El duelo es inevitable y adaptativo. Pretender que nada ha pasado o intentar seguir con la vida como si no hubiera ocurrido puede cronificar el dolor”, explican las psicólogas del hospital Ribera Polusa (Lugo), que estos días están atendiendo a afectados directa e indirectamente por las llamas.
El duelo tras una catástrofe: entre lo colectivo y lo individual
El duelo, recuerdan las especialistas, “es el proceso psicológico que surge ante una pérdida significativa. Tras una catástrofe natural como un incendio forestal, este proceso se complica: se acumulan pérdidas emocionales, materiales y sociales, y el impacto emocional es tan intenso como inesperado”.
Según explican, en estos casos, el duelo se vive en dos planos: el colectivo, compartido con la comunidad afectada, que ayuda a sentirse acompañado en el dolor; y el individual, con reacciones tan diversas como impredecibles, que dependen de experiencias previas, de la red de apoyo y de los recursos psicológicos de cada persona.
“El shock inicial, la rabia, la impotencia, la tristeza o la ansiedad son reacciones normales y saludables al principio”, puntualizan las psicólogas de Ribera Polusa. “El problema surge cuando estas emociones no se diluyen con el tiempo, afectan al día a día y derivan en trastornos como depresión, ansiedad o estrés postraumático”.
Cómo ayudar a sanar el dolor emocional
Las psicólogas insisten en la importancia de permitirse sentir y de contar con apoyo social. “Escuchar sin juzgar, acompañar y verbalizar el apoyo incondicional es clave”, apuntan. También recomiendan dedicar tiempo a expresar el dolor y hablar de lo ocurrido; combinar momentos de duelo con actividades reparadoras, como labores de reconstrucción o contacto con la naturaleza; evitar frases dañinas como “podría haber sido peor” o “sé cómo te sientes”; y buscar ayuda profesional cuando el dolor se vuelve insostenible o paralizante.
Además, factores como el apoyo comunitario, la confianza en las autoridades y la solidaridad facilitan la resiliencia y la recuperación emocional.
Mayores y niños, la población vulnerable: el dolor que más cuesta ver
El equipo de psicólogas de Ribera Polusa advierten de que algunos colectivos sufren un impacto mucho mayor sobre su salud mental en el caso de catástrofes como estos incendios. Niños, personas mayores, pacientes con enfermedades crónicas o trastornos mentales previos, migrantes, personas con bajos recursos económicos e incluso equipos de emergencias se encuentran entre los grupos más vulnerables. “Muchas personas tienen que hacer frente a grandes pérdidas en un corto período de tiempo: pérdidas emocionales, materiales, y del entorno e iniciar un camino lleno de emociones desagradables y muy intensas: incredulidad, impotencia, desesperación, miedo, incertidumbre, inseguridad y desorientación, entre otros”, explican. “Se rompe su identidad y el ecosistema del que formaba parte”, añaden.
“Los niños pierden su sensación de seguridad y pueden desarrollar miedos persistentes; los mayores, con menor capacidad de movilidad o redes de apoyo, se sienten desbordados; y los profesionales de emergencias, que viven el fuego en primera línea, acumulan un desgaste emocional que no siempre se visibiliza”, detallan las especialistas.
Desde el hospital del grupo sanitario Ribera en Lugo subrayan que, ante desastres de esta magnitud, pensar en las personas más vulnerables debería ser el eje central en cualquier respuesta social y sanitaria.
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