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Directora del Grupo de Investigación de Dermatología, Fotobiología y Cáncer de piel de la UAX

Dra. Montserrat Fernández: «El sol empeora patologías como la rosácea»

"Un error muy típico es intentar compensar el daño con cosméticos ‘milagro’"

En verano, la piel se enfrenta a una combinación de agresiones externas que muchas veces pasan desapercibidas. La exposición prolongada al sol y el contacto frecuente con el cloro de las piscinas no solo favorecen la deshidratación cutánea, sino que también pueden acelerar la aparición de manchas, arrugas, pérdida de elasticidad y otros signos de envejecimiento prematuro. Además, determinadas patologías dermatológicas como el melasma, la rosácea, la psoriasis o la dermatitis atópica pueden empeorar en esta época del año si no se mantiene una rutina adecuada de cuidado de la piel.

Para profundizar en este tema, OKSALUD ha entrevistado a la doctora Montserrat Fernández Guarino, especialista en Dermatología del Hospital Universitario Ramón y Cajal y directora del Grupo de Investigación de Dermatología, Fotobiología y Cáncer de piel de la Universidad Alfonso X El Sabio.

PREGUNTA.- ¿Qué efectos tiene sobre la piel una exposición continuada al sol y al cloro durante los meses de verano?

RESPUESTA.- El verano tiene una doble cara para la piel. Por un lado, una exposición solar moderada puede mejorar algunas dermatosis inflamatorias, pero el exceso de radiación ultravioleta produce daño acumulativo: deshidrata, puede producir descamación, favorece la aparición de manchas, arrugas y pérdida de elasticidad, y acelera el envejecimiento cutáneo. Además, el sol genera estrés oxidativo y empeora patologías como el melasma o la rosácea.

A esto se suma el cloro de las piscinas, que actúa como irritante. El cloro altera los lípidos naturales de la piel y modifica su equilibrio, haciendo que pierda agua con más facilidad. El resultado es una piel más seca, tirante, áspera e incluso con picor o descamación, especialmente en personas con dermatitis atópica, psoriasis o piel sensible.

P.- Muchas personas notan la piel más seca, tirante o con picor después de la piscina. ¿Por qué ocurre esto y cómo podemos proteger la barrera cutánea?

R.- La piel tiene una barrera protectora formada por lípidos, proteínas y agua. El cloro y las duchas repetidas eliminan parte de esa protección natural y aumentan la pérdida de agua transepidérmica. Dicho de forma sencilla: la piel “pierde hidratación” y queda más vulnerable frente a irritantes externos.
Por eso, recomiendo siempre una rutina muy básica pero constante:
– Ducharse tras salir de la piscina para retirar restos de cloro.
– Utilizar limpiadores suaves, no jabones agresivos.
– Aplicar un emoliente o crema hidratante inmediatamente después de secar la piel, mejor si contiene ingredientes reparadores de la barrera cutánea.
– Evitar exfoliaciones intensas en verano.
– Mantener una buena hidratación.

P.- ¿Cuáles son los errores más frecuentes que cometemos al cuidar la piel tras tomar el sol o bañarse en piscinas con cloro?

R.- El primero es pensar que “si no me he quemado, no pasa nada”. El daño solar es acumulativo y muchas veces silencioso. Otros errores muy frecuentes son: no volverte a echar el fotoprotector cada dos horas o tras el baño, usar jabones muy detergentes después de la piscina, descuidar la hidratación corporal porque “en verano la piel no se seca”, exfoliar la piel tras el sol pensando que así ‘se renueva’, utilizar perfumes o productos irritantes antes de exponerse al sol y no proteger zonas especialmente sensibles como labios, cuero cabelludo, escote o dorso de las manos. Y uno muy típico: intentar compensar el daño con cosméticos ‘milagro’. La mejor estrategia sigue siendo la prevención.

P.- Más allá de la protección solar, ¿qué hábitos o cuidados recomienda para mantener una piel sana y prevenir el envejecimiento cutáneo en verano?

R.- La protección solar es lo más importante; la basamos en cremas y en medidas físicas como sombreros, sombrillas y sombra. Tomar carotenos y dietas ricas en frutas y verduras es otro hábito que ayuda a proteger nuestra piel de envejecer. Otra buena costumbre es no dejar de aplicar los ácidos y las moléculas antiedad por la noche en verano, ya que tenemos moléculas que se pueden usar en verano de forma segura para prevenir el envejecimiento, que son antioxidantes tópicos, otro tipo de ácidos, como puede ser el mandélico, el ácido glicólico, el ácido azelaico; tenemos muchas alternativas para seguir trabajando en nuestra piel contra el envejecimiento, sin irritarla. Otro de los hábitos que es muy importante y está demostrado. Muchos estudios recomiendan la aplicación de un antioxidante en la cara debajo de un protector solar. En este caso, lo mejor es la vitamina C.