Alzheimer y alcohol: ni causa directa ni relación inocua con el deterioro cognitivo
La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye el consumo nocivo de alcohol entre los factores de riesgo modificables de demencia
El coordinador del área de Psicogeriatría del Centro San Juan de Dios de Ciempozuelos (Madrid), el enfermero Samuel González, ha señalado que no existe evidencia suficiente para afirmar que el consumo de alcohol, cannabis o cocaína sea, por sí mismo, la causa principal de la aparición temprana de la enfermedad de Alzheimer. En este sentido, ha subrayado que el origen de esta enfermedad es multifactorial y que intervienen factores genéticos, médicos, ambientales y relacionados con el estilo de vida.
No obstante, González ha advertido de que el consumo excesivo y prolongado de alcohol sí está relacionado con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye el consumo nocivo de alcohol entre los factores de riesgo modificables de demencia. Además, el consumo elevado mantenido durante años puede producir daño cerebral relacionado directamente con el alcohol y favorecer problemas de memoria y otras alteraciones cognitivas.
«Esto no significa que el alcohol sea una causa directa del Alzheimer», ha precisado González, sino que puede contribuir al deterioro de la salud cerebral y aumentar el riesgo de desarrollar demencia, especialmente cuando el consumo es elevado y sostenido en el tiempo. Por ello, considera importante diferenciar entre los factores que pueden incrementar el riesgo de demencia y las causas concretas de una determinada enfermedad neurodegenerativa.
«Trabajamos la estimulación y rehabilitación cognitiva, intervención sobre las alteraciones conductuales, mantenimiento de las capacidades funcionales y apoyo emocional», ha continuado, para añadir que «también es fundamental revisar los tratamientos médicos y detectar factores que puedan empeorar el estado cognitivo o funcional». Junto a ello, se actúa «con la familia y los cuidadores», ya que «cuando una persona tiene Alzheimer, la enfermedad afecta también a su entorno», ha afirmado.
Por ello, ha pedido a las familias que no normalicen «los primeros cambios que les llamen la atención», y es que «es importante consultar con un médico y realizar una valoración adecuada». «La atención a estas personas debe poner en el centro su dignidad, sus necesidades y su calidad de vida», ha subrayado, para agregar que la familia y los profesionales tienen que trabajar juntos.
Señales
Así, ha expuesto algunas señales de alarma, como olvidarse de alguna información o tener dificultad para recordarla, necesitando ayuda de otras personas para recordar; desorientación espacial y/o temporal; problemas para realizar tareas complejas; dificultad en el lenguaje para comunicarse; falta de interés o problemas para realizar las actividades diarias; impedimentos para calcular distancias, reconocer colores, leer…; y cambios de humor y de personalidad.
«Por desgracia, la enfermedad de Alzheimer es una demencia que destruye la memoria y las habilidades de pensamiento y, con el paso del tiempo, la capacidad de realizar hasta las tareas más sencillas», ha retomado el coordinador del área de Psicogeriatría del Centro San Juan de Dios de Ciempozuelos, institución que cuenta con unos 60 pacientes de demencia o enfermedad de Alzheimer. El perfil que ingresa suele implicar importantes alteraciones de conducta.
Según ha explicado, «tratar con una persona que padece Alzheimer precisa de paciencia y dedicación, ya que va a necesitar apoyo en el hogar a medida que la enfermedad empeore», por lo que «es importante entender cómo la persona con demencia percibe su mundo y hacerle partícipe en su cuidado diario». A su juicio, se debe ayudar a la realización de los cuidados diarios de la persona, al principio y a medida que la enfermedad va avanzando, a la vez que es necesario facilitar la comunicación para abordar los cambios en la conducta.
«Nuestro trabajo ha cambiado bastante porque tenemos que adaptar continuamente las intervenciones al nivel de capacidad y a las necesidades de cada persona», ha sostenido, por su parte, la terapeuta ocupacional del área de Psicogeriatría del centro, Marina Torrejón, quien ha añadido que «también ha aumentado la importancia de trabajar desde las capacidades que conserva la persona».
Por último, la también terapeuta ocupacional del Centro San Juan de Dios de Ciempozuelos, Teresa Nieto, ha declarado que la formación continuada es constante porque hay que adaptarse a las nuevas tecnologías y medios al alcance «para poder dar una mayor atención y tratamiento a los usuarios».
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