Ya ha comenzado una Tercera Guerra Mundial (no «convencional»)
Hemos escrito en diversos momentos, desde que comenzó la «operación militar limitada» de Rusia contra Ucrania el 24 de febrero de 2022, que esa guerra debe analizarse muy particularmente en el contexto político en el que comenzó, para entenderla. Obviamente hablamos de «entenderla», que no significa ni comprenderla, ni menos, aceptarla. Pero «entenderla» es hacer un diagnóstico acertado de las circunstancias que la motivaron, para poder hacerle frente de la manera más eficaz posible para acabar con ella, y de las condiciones en las que podría conseguirse un eventual acuerdo de paz, o un armisticio.
También es preciso tener presente que la ley del más fuerte es la que, desde que el mundo humano existe, establece ordinariamente las normas por las que se relacionan los Estados entre sí, se crean y se destruyen. Sentado esto, ese conflicto bélico es el que da comienzo al intento de conseguir un nuevo orden geopolítico mundial distinto del surgido tras la Segunda Guerra Mundial en 1945. Dicho Orden geopolítico global era bipolar con EEUU y la URSS liderando ambos polos, el occidental y el comunista, respectivamente, con algunos países «no alineados» entre ambos, pero sin capacidad real de influencia.
Tras la caída del Muro de Berlín en 1989 y la implosión de la URSS el 8 de diciembre de 1991, sin hostilidades militares entre ambos bandos, la geopolítica global pasó a ser unipolar y liderada por los EEUU. Tácitamente aceptado por los pertenecientes a los no alineados y por los resignados a asumir los valores económicos occidentales, el mundo ha vivido conflictos locales diversos, pero no integrados en una estrategia conjunta para acabar con ese orden (occidental) hegemónico.
Desde 1992 hasta 2022, han sido 30 los años transcurridos en esa situación, ya que en febrero de 2022 una Rusia ya recuperada de la debacle de dejar de liderar una URSS superpotencia -para pasar a ser una Rusia derrotada, desorientada y acomplejada- ha decidido volver a sacar la cabeza entre las naciones. Lo hizo con Putin, pactando con Xi Jinping al mando de una China que, habiendo conseguido un gran desarrollo tecnológico industrial y unido a una población de 1.400 millones de habitantes, la ha convertido en una auténtica superpotencia.
Ambos líderes firmaron en Pekín, tras acabar los Juegos Olímpicos de invierno en febrero de 2022, un Tratado bilateral de cooperación que exige ser conocido para entender la guerra en Ucrania, y las que previsiblemente se producirán, como la de Gaza actualmente en Oriente Medio.
En ese «histórico» Tratado -así calificado por Xi Jinping y Putin,-acuerdan dar por terminado ese orden geopolítico hegemónico de EEUU al que nos hemos referido, y sustituirlo por un nuevo orden mundial «multipolar». En el pasado siglo XX las dos guerras mundiales alumbraron sucesivamente el Orden con el que comenzó el presente siglo XXI, pero el arma nuclear con el que acabó la Segunda Guerra en Hiroshima y Nagasaki hoy ya no es privativa de EEUU, lo que hace virtualmente imposible una Tercera Guerra «convencional» – frontal y mundial- entre dos bandos.
La DMA -Destrucción Mutua Asegurada- fue el pilar que mantuvo la guerra como fría, evitando una guerra nuclear entre 1945 y 1991. Ahora sigue vigente la DMA, pero China y Rusia han promovido la Alianza económica de los BRICS -Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica- cuyo peso en el PIB y en la población mundial, unido a la posesión de armas nucleares tácticas y estratégicas, la convierten en una gran superpotencia de hecho.
La primera actuación de Putin tras regresar a Moscú una vez firmado el Tratado con Xi Jimping fue dar comienzo a la invasión de Ucrania, que no es sino el primer escenario en el que se combate por ese nuevo orden multipolar, que tiene en Rusia un polo destacado. China está a la expectativa de la evolución de esa guerra de desgaste entre EEUU y Rusia, con la OTAN y Zelensky de intermediarios aportando la primera las armas y Ucrania las víctimas. De su resultado dependerá la suerte por la hegemonía en el Indo-Pacífico con Taiwán como próximo escenario bélico. Irán es candidato a incorporarse a los BRICS, y lanzó por medio de Hamás la guerra en el polo de Oriente Próximo para desplazar al occidental Israel.
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