El Tarajal es el actual Perejil
Comienza otra semana y la ciudad autónoma de Ceuta sigue en el foco de la actualidad acaparando la atención política e informativa nacional, ya que los ceutíes siguen «conviviendo» sumidos en la «anormalidad» personal y social derivada de que siguen entre ellos miles de los invasores que se negaron a regresar por donde habían venido el 30 de julio.
La actualidad se centra ahora en otra consecuencia de lo sucedido entonces, y que remite a la situación de la defensa española frente a Marruecos. Eso se debe a que -como dijo Sánchez al día siguiente, en su primera y hasta ahora única visita a la Ciudad-, había sido «una violación a nuestra integridad territorial». Es evidente que se hace necesario replantearse la situación de esa relación bilateral.
Para ello, lo primero que debe tenerse en cuenta es que violar las fronteras de un estado históricamente se realizaba mediante una acción militar, pero en la actualidad hay otras maneras de hacerlo. Son fórmulas que se corresponden a actuaciones propias de lo que se conocen como «guerras híbridas», de las cuales la padecida en Ceuta es un claro ejemplo. Así que desde el punto de vista militar no es ni acertado ni prudente, por innecesario, alertar de momento a la población española de un inexistente riesgo o amenaza de agresión militar por parte de nuestro vecino marroquí.
Por supuesto, eso no significa que no debamos hacer nada, sino que la atención debe centrarse en otros ámbitos. De manera muy especial en el apartado diplomático además del político, y con urgencia. La relación bilateral de España con Marruecos desde la independencia del reino alauita en 1956 ha sido compleja, pero basada en un indudable respeto mutuo. Que tuvo un punto de inflexión en 2002 con el incidente del islote Perejil, que el presidente Aznar solucionó por vía militar aunque sin violencia ninguna.
En aquel suceso se puso de manifiesto que tenía una relación directa con la decisión que había adoptado el gobierno español de unirse a EEUU en su batalla contra el terrorismo a nivel mundial. Tras lo sucedido el 11S del año anterior en las Torres Gemelas de Nueva York, Aznar lo hizo para obtener su colaboración en acabar con la banda terrorista ETA, que seguía ensangrentando las calles de España desde hacía décadas, además de situarse en «el lado correcto de la Historia» en ese combate mundial. Era lo que el secretario de Defensa estadounidense calificó como la creación de una «nueva Europa» construida sobre el eje Londres/Madrid, abandonando a la «vieja Europa» que pivotaba sobre el eje París/ Berlín como heredera de la Segunda Guerra Mundial.
Es evidente que Alemania y en especial Francia no permanecieron impasibles ante esa iniciativa que les postergaba de su predominante posición europea y que tuvo en la fotografía de las Azores su plasmación gráfica para la posteridad. Hoy ya es sabido que el primer movimiento de ese eje fue Perejil, al que siguió el del petrolero Prestige, para derrocar a Aznar. Como no tuvo éxito le siguió el del «No a la guerra» con masivas manifestaciones en las calles de España cuando EEUU invadió Irak en el marco de esa guerra antiterrorista. Como si hubiese sido España la invasora y Aznar el responsable de ello.
También fracasó ese tercer intento, que incluso tuvo su plasmación en una fallida votación en el Congreso. Cuando el grupo parlamentario socialista promovió una iniciativa con votación secreta en la que se condenaba al presidente del Gobierno por el rechazo popular manifestado en las calles hacia su política exterior, el portavoz socialista anunció desde la tribuna que, «tras el rechazo en las calles y las encuestas hacia su política», si también lo hacía el Congreso a Aznar «no le quedaría más remedio que dimitir». La votación secreta sumó incluso un diputado de la oposición a los del grupo popular. Fracasado este intento, vino el cuarto y último: el 11 M.
Este es un ejemplo paradigmático e histórico de actuación geopolítica contra un país opuesto a importantes intereses de otros países: una guerra híbrida. Ahora Sánchez ha situado a España enfrente de EEUU e Israel, aliados de Marruecos en el Estrecho de Gibraltar con El Tarajal como una especie de actual Perejil.
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