Sánchez se ríe de Iglesias
La capacidad que tiene el lenguaje humano para modular la realidad es amplísima, casi infinita. Fijémonos, por ejemplo, en estas palabras. Un «Gobierno de cooperación», afirma Adriana Lastra, portavoz parlamentaria del PSOE, es un «Gobierno plural, abierto, integrador, incluyente, representativo de las diferentes sensibilidades y con personalidades referentes de sus distintos ámbitos». La señora Lastra en ningún momento ha faltado a la verdad, pero si no tuviese la responsabilidad que tiene, podría hablar sin filtros y decir lo siguiente: “Una cosa es el concepto de democracia deliberativa de Habermas, cosa que está muy bien, pero aquí quien manda es el PSOE. Nosotros, y sólo nosotros, tenemos el timón del barco. Tranquilos todo el mundo; no habrá Gobierno de coalición con Podemos. Pero está muy bien esto de sacarnos fotos juntos hablando. Sí, queda muy… deliberativo”.
Por otro lado, no se consuela el que no quiere. Iglesias, tras la reunión de hoy con el presidente Sánchez, ha manifestado que “para nosotros el nombre es lo de menos” porque la clave es que haya un “Gobierno plural”. Pasando ahora de la política semántica a la política de los hechos, la situación es la siguiente. Sánchez tiene la sartén por el mango, especialmente en lo que hace referencia al espectro del votante de izquierdas. Si Iglesias no apoya al PSOE en su Gobierno en solitario y España avanza hacia otras elecciones generales, Podemos perfectamente podría perder otros 15 o 20 diputados. La situación de extrema debilidad de la formación morada, fruto de los errores estratégicos, el despotismo y los escándalos protagonizados por su pareja de dirigentes, Montero e Iglesias, no les permite echar ninguna clase de pulso.
El Gobierno de cooperación del que habla el PSOE consistirá en algún ministro y algún secretario de Estado independiente, de tenor más radical que la media socialista para así hacer más justificable y digerible la abstención a los podemitas, y poco más. El anuncio de este futuro consejo de ministros también tendrá otra ventaja para el presidente Sánchez: será un guiño hacia sus potenciales votantes, en el caso de que Iglesias no se pliegue a sus condiciones y finalmente haya que volver a votar. A mayor abundancia de bienes, Jürgen Habermas está muy bien, pero la principal dialéctica de la política -y Sánchez en esto es un maestro- es el mando y la obediencia.
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