Sánchez, el gran tahúr en Davos
De entre el selecto grupo del IBEX que acudió a Davos (Forum Económico Mundial), la única que rompió la frialdad con Pedro Sánchez fue la presidenta del Banco Santander, Ana Patricia Botín, quizá para continuar con el ancestro de su saga familiar de reverencia ante el poder, sea el que fuere. El resto se limitó a mostrar una forzada cortesía ante un presidente del Gobierno que hace de su persecución una bandera política y , por lo comprobado, con gran éxito.
Sánchez sigue creyendo que sus andanzas domésticas se desconocen por el mundo. La tierra se ha convertido en una pequeña aldea global, así que a estas alturas de sus casi seis años de poder, para nadie es un secreto que en España manda políticamente un ser que ha hecho de la mentira su principal leitmotiv, que en muchos aspectos en el ejercicio del poder se conduce como un pequeño sátrapa, que España bajo su mandato ha alcanzado la penosa cifra de más de un billón y medio de endeudamiento y que, también bajo su égida, millones de familias malviven y otros millones más han entrado en el umbral de la pobreza.
Él, Pedro Sánchez, continúa erre que erre tratando de convencer al orbe de algo que sólo existe en su cabeza, esto es, que estamos ante un estadista sin par.
Como ha descrito la prensa libre provocando el coraje irredento de la brunete progubernamental, Sánchez contó varias mentiras (casi una docena) a los escasos participantes que acudieron a oírle en el Foro en relación con el marchamo de la economía española; nadie se llamó a engaño, «Sánchez es así».
El episodio que más añade a su presencia en tan distinguido cónclave mundial fue cuando, tras reunirle en una sala cutre del recinto donde se celebra el evento, se produjo un aplauso que inmediatamente el equipo mediático de apoyo destinado por Moncloa a esa localidad suiza hizo saber que era para el presidente del Gobierno. Así lo pregonaron a los medios de comunicación, pero nada más lejos de la realidad. El aplauso iba dirigido a Maarten Westerlaar, consejero delegado de Cepsa al que acababan de concederle un premio empresarial mientras esos edecanes monclovitas trataban de vender mercancía averiada. Es decir, la técnica propagandística de siempre, aunque ahora no esté al mando el tal Miguel Ángel Oliver, que ahora tiene mayores encomiendas sanchistas de manipulación global a través de la maltrecha Agencia EFE.
La guinda la puso Sánchez al pedir a los congregados y poderosos de España que luchen con él para «salvar la democracia». Hubo sonrisas irónicas. «Es decir –dijo un preboste reconocido de las finanzas–, tenemos que ayudar a España a salvarla de Sánchez».
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