Opinión

La responsabilidad de los medios de comunicación

Un turista francés de 65 años fallecido por el esfuerzo de intentar escapar del secuestro en el Prat y por el bloqueo de su ambulancia el pasado lunes, 72 agentes de policía heridos, 51 CDR detenidos, coches calcinados, fachadas de instituciones públicas en llamas, barricadas levantadas con neumáticos, ramas, contenedores y señales de tráfico prendidas con gasolina, cientos de vuelos y trenes cortados, profesores agitando a universitarios para ejecutar actos violentos como si fueran su propia bomba casera… Ciudadanos recorriendo a pie decenas de kilómetros de autovía como si la cosa formara fuera un maldito episodio postapocalíptico de Robert Kirkman. Esa es, tan sólo, una mínima parte del balance derivado de los tres días consecutivos de violencia terrorista organizada, financiada, arengada, homenajeada por Quim Torra y Puigdemont a través de “Tsunami Democrátic”, la nueva virguería y extravaganza nazi -la del presidente y la del cagari huido en el maletero. La terna política más racista de nuestra era política junto a la de Arzalluz y Jon Idigoras.

Tsunami, como la ANC y Omnium son SEGI y la nueva Koordinadora Abertzale Sozialista, KAS, aquellos engendros ideados para para coordinar las diferentes acciones de las organizaciones afines al Movimiento de Liberación Nacional Vasco, MLNV, aunque la modalidad catalana sabe que puede llegar mucho más lejos con la patina de la “No violencia”, que no es más que un disfraz de oveja diseñado por el Albert Einstein Institute y otros clusters financiados por el separatismo catalán y Soros.

¿Les suena algo de esto a los cuarentones con el cerebro triturado por el infantilismo y el crossfit que en la comida del domingo han venido repitiendo durante los últimos años “el terrorismo no existe. ETA es eso que necesita el PP” cuando hoy ven apalizados en el suelo por los CDR a una policía de las ARRO o a un hombre por intentar apagar con un extintor un contenedor quemado? ¿Podemos decir, de una vez, que existe el terrorismo Torrano cuando una masa de gentuza con pasamontañas se echa encima de un agente de los Mozos en el suelo al grito de “Matadlo, matadlo”?

Lo más grave es que todo lo ejecutado desde el centro de mando de la Generalidad durante estos tres días contra la mayoría de sus gobernados, a estas horas aún secuestrados por los comandos de un presidente autonómico libre del aliento del Estado y de la Fiscalía, ha sido legitimado de forma vergonzosa por medios de comunicación privados que están actuando como sus replicantes como si a alguno se le fuera a caer algún billete de esos 300 millones de euros anuales que TV3 recibe del Estado para equiparar el índice democrático de España al nivel del de Burkina Faso.

Las presentadoras de televisión “feministas” en Madrid, ideólogas del mantra del “terrorismo machista”. “Miembras” con el cerebro de Campanilla de esa brigada antipatriarcal cuando un hijo de puta mata a Laura Luelmo, pero tan dúctiles y palotes a la vez cuando se despliega toda la testosterona criminal segregada por los de Torra. Idos a cagar, guapas.

Una de ellas, que hace meses maldecía porque “el final de juego de tronos fue una confabulación machista contra Daenerys Targaryen”, decía sobre la señora tumbada por agitar la bandera de España durante la publi vespertina del lunes: “A la mujer le ha dado sin querer”. Le saltaba el muelle en el sillón cada vez que decías “terroristas” como si fuera un acto reflejo: “Son manifestantes con un derecho constitucional que hay que proteger”.

En una metáfora perfecta, ellas, junto a algunos de sus homólogos, forman parte de un elenco de desfasados que se han pasado un año entrevistando a embalsamadores del Valle de los caídos y persiguiendo a Tejero, a Armada y al club cebolleta del franquismo mientras, sin darse cuenta, se han convertido en el telón de acero que oculta y distorsiona la realidad para España y Europa. Junto al Estado, esos medios, han abandonado por voluntad propia a la mayoría de los catalanes, dado satisfacción al separatismo por pereza, cobardía, o simpatía contribuyendo con ello a la brutalidad del terror en una región española elogiando, repetidamente, la ilegalidad de las instituciones, de las patronales, de los sindicatos y hasta del PSC .

Medios que, en el nombre de la “tolerancia” y de la “pluralidad de ideas”, se han dedicado a arrinconar a los que hoy tienen miedo a salir de sus casas o a que les quemen el coche.