Opinión

El ‘putzu-zulo’ de Aitor

Quizá ustedes sepan que en el Tribunal Supremo se está juzgando por graves delitos de corrupción al ex ministro de Transportes y ex secretario de organización del PSOE (el juicio es en el TS debido a que mantuvo, gracias a Pedro Sánchez, su condición de aforado). También habrán oído que en dicho juicio el autoinculpado comisionista Víctor de Aldama ha declarado que uno de los objetivos de la trama delictiva era la financiación del partido y que dentro de la organización criminal el presidente Sánchez está «…en el escalafón uno».

Además, en esta semana el Gobierno ha evidenciado dos importantes fracasos que demuestran que su debilidad parlamentaria equivale a una casi absoluta incapacidad gubernativa. Uno, muy explícito, ha sido ver como decaía uno de los Decretos con las medidas paliativas de los efectos de la guerra, y el otro, implícito en su inocultable minoría parlamentaria, ha sido reconocer que en el medio plazo (y ya se ha pasado una tercera parte del año) no se presentarán presupuestos para este ejercicio.

En ese escenario y en esas lamentables circunstancias, debería encontrarse el motivo de la airada reacción del PNV y de que hayan decidido segar la hierba debajo de los pies del Gobierno. Es normal que, en un plausible ejercicio de responsabilidad, quisieran dejar de acompañar a un ejecutivo paralizado que es incapaz de ejercer sus funciones básicas y que solo tiene movilidad para la propaganda y la simulación.

¡Pero resulta que no! Resulta que el monumental cabreo de los nacionalistas vascos se debe a que en el Partido Socialista de Euskadi montaron un meme para criticarles ciertas incongruencias e idas y venidas en su relación con Bildu, mostrando, en una imagen de inteligencia artificial, al presidente del EBB, Aitor Esteban, tirándose a una piscina.

Uno ya no sabe qué es peor, si la cara durísima de unos o la blandísima piel de los otros. Evidentemente es más grave lo del Gobierno, pero da más alipori lo del PNV; porque te das cuenta de que no es una impostura y que se estén haciendo los ofendiditos, sino que se han enfadado de verdad y que hasta ese comportamiento tan ridículo les lleva el tremendo complejo de superioridad que han adquirido a costa del resto de los españoles.

Y además de ese insufrible y cateto supremacismo racial, es también cosa de la completa carencia de sentido del humor. Estos del PNV van de hombretones y mujerazas, de trabajadores responsables, emprendedores incansables y amigos leales, pero se han quedado en los vasquitos y las nesquitas de chocolate de la confitería Goya de Vitoria. Hasta han dicho que era una indecencia; lo hubiera sido si le hubieran representado completamente desnudo y con el culito al aire, o con los pololos de la madre de Dumbo y asustándose de un ratoncito, que es de verdad lo que su gazmoñería merece.

Puestos a hablar de indecencia, es más fácil pensar en las excarcelaciones (en menos de 48 horas) de los etarras Gadafi y Gogeaskoechea, con la aplicación de un tercer grado que ya el año pasado declaró improcedentes el juez penitenciario. Porque para lo que sí ha servido la irreprimible indignación del PNV ha sido para desvelar que el sanchismo está en el camino de una nueva trapacería. De hecho, la disputa parte porque el PNV y Bildu quieren acelerar, y conseguir aprovechar una geometría parlamentaria que en este caso funcionaría, la confección de un nuevo Estatuto que, como podemos imaginar, vendrá con un poco más de desigualdad económica, con un poco más de racismo y un mucho más de deslealtad.

Claro, el tema al PSOE le viene ahí no más a un año de elecciones autonómicas y generales; pero eso no se lo pueden reconocer a sus socios y tienen que seguir aguantando su mafioso chantaje. Para un ególatra soberbio como Sánchez tiene que ser demasiado soportar la insolencia de una tal Maribel, que se ha venido de Urnieta con una boina enroscada en la cabeza, que te recuerda que sin ellos no eres nadie, y a la que encima tienes que poner buena cara y contestar con buenas maneras. Y encima llevar así unos cuantos años; sabiendo que cuando tienes que venir a una comparecencia o a una gilipollez de estas del Parlamento, tienes que salir de Moncloa con el cinturón flojo, bajarte rápidamente los pantalones hasta los corvejones y ponerte en cuadrupedia (lo que los yoguis llaman postura gato-vaca) para recibir sus instrucciones.

Bueno, lo vamos a dejar aquí porque se nos está yendo la cosa de las manos. Disculpen ustedes las ironías y los excesos, pero es lo que pasa cuando estos esclavistas del periódico te obligan a escribir un artículo en el día del trabajo y no puedes bajar a Málaga a comer unos boquerones victorianos con Pepe, Unai, Yolanda y Marisú.