Joyas para la alianza de civilizaciones de ZP
Miguel Sebastián ha publicado una columna en defensa de Zapatero que, en realidad, parece escrita por un enemigo, porque pretende normalizar la recepción de «regalos de cortesía» por valor de cientos de miles de euros y, además, convertido en asesor fiscal, asegura que no existe la obligación de declararlos. Encima, atribuye semejantes consejos a una oficial mayor de su Ministerio ya fallecida. En cualquier organización siempre hay que tener un cadáver en el armario para cargarle con las culpas de los consejos y las decisiones fracasadas.
En su columna, La hipocresía de las joyas de Zapatero, Sebastián ha mostrado su pasmo porque nosotros, los ciudadanos a los que hizo la merced de gobernar nuestras vidas desde el Consejo de Ministros durante tres años y medio, les pongamos pegas a él y a su querido José Luis por su comportamiento. En la política de regalos e invitaciones del grupo Inditex se fija como valor máximo para aceptar aquellos que no superen los cien (100,00) euros. Pero los que sirven a «lo público» quedan liberados de semejantes topes capitalistas, basados en la desconfianza y la avaricia.
Así, Sebastián ha escrito: «¿Es que hemos sido Zapatero y yo los únicos ministros, presidentes de gobierno, alcaldes o presidentes de comunidades autónomas que hemos recibido joyas o regalos valiosos de los países árabes?» y «¿de verdad hay que declarar todos los regalos que se reciban?». ¡Menudos hipócritas somos!
El exministro de Industria socialista ha dicho en voz alta lo que se murmuraba en los salones del poder. Igual que hizo Irene Montero al admitir que el Gran Reemplazo no es una teoría de la conspiración cuando proclamó a voz en grito su deseo de sustituir a los españoles que no le votan por inmigrantes. Hay ministros, alcaldes y hasta presidentes de gobierno españoles que reciben regalos de líderes extranjeros y se los guardan y, encima, no los declaran a Hacienda. ¡Pero tú no declares los regalos de tu boda, que verás la multa que te ponen esos inspectores que consideran que David Sánchez podía trabajar en España y tributar en Portugal!
Un asesor íntimo de Barack Obama, Ben Rhodes, escribió en sus memorias (El mundo tal y como es) que, en una visita a Arabia Saudí, cuando reinaba Abdalá bin Abdulaziz, el mismo monarca al que fue a visitar Sebastián, encontró en su habitación asignada un maletín grande. «Estaba lleno de joyas». Lógicamente, pensó que quizá representara «una especie de soborno», ya que los demás miembros de la delegación habían recibido maletines idénticos. Y añade: «No tenemos permiso para quedarnos con esos regalos a menos que estemos dispuestos a reembolsar al fisco su valor, que ascendía a miles de dólares». He aquí un ejemplo de esa «moralina puritana que se ha instalado en nuestro país» de la que se lamenta Sebastián.
Rhodes añade que las embajadas de Arabia Saudí y de Emiratos Árabes Unidos en Washington «han gastado dinero a raudales» para asentar su posición en los círculos del poder en EEUU.
Según la leyenda negra de Juan Carlos I, éste habría formado la fortuna que se le atribuye con comisiones por negocios internacionales y préstamos concedidos por las monarquías saudí e iraní. Ahora sospechamos que algunos de los políticos que criticaban al rey español se guardaban los presentes con que se les obsequiaban en los estados del golfo Pérsico. La Alianza de Civilizaciones (que sigue teniendo oficina en la ONU), puesta en marcha por Zapatero, llevó a éste y a varios ministros y otros altos cargos por medio mundo. Después de las palabras de Sebastián, cualquiera sospecharía que un puñado de socialistas y funcionarios adictos tiene cestos de joyas guardados.
Pero las joyas no pasan de ser un cebo. En una vieja película británica, un tipo que dirigía una red de carteristas seleccionaba para su escuela a quienes se embolsaban un billete de una libra que dejaba encima de una mesa, como si lo hubiera olvidado. De quien coge las joyas, en vez de dejarlas en la habitación, o no las declara, los generosos árabes ya saben que está dispuesto a recibir más regalos… a cambio de hacer ciertos favores.
La casa real saudí fundó en 2017 el Instituto Future Investment Initiative, apodado el «Davos del desierto», que monta unas reuniones espectaculares a las que acuden políticos retirados y altos funcionarios occidentales a decir perogrulladas excelentemente retribuidas. El progresista italiano Matteo Renzi, primer ministro de su país durante casi tres años, cobraba hacia 2020 unos 80.000 euros anuales por formar parte de su comité consultivo.
Tony Blair montó Tony Blair Associates para asesorar a varios de los países a cuyos gobernantes conoció durante su mandato y a las multinacionales y organismos internacionales a los que financió con dinero público. Por ejemplo, en el Reino Unido ha hecho presión para que se adopte un documento de identidad digital, que acaba de anunciar su correligionario Keir Starmer.
Los expresidentes de Estados Unidos empezaron a dar conferencias y discursos pagados a partir de Gerald Ford. Los Clinton y los Obama, que tienen sendas fundaciones, cobran unas cifras descomunales. Por media hora, pueden ingresar 300.000 o 500.000 dólares, más los gastos del viaje para ellos y sus equipos. El único hasta ahora que se resistió a monetizar su paso por la Casa Blanca fue Jimmy Carter.
En otros países, los regalos consisten en cosas más discretas o manejables que un joyero, una mina de oro o un petrolero. Lo mejor consiste en maletas enormes llenas de billetes que circulan con la protección de valija diplomática… o como equipaje sin declarar en alguna aerolínea.
El militar venezolano Hugo Carvajal afirma que Hugo Chávez financió con hasta veinte millones de dólares las campañas electorales de los Kirchner. ¡De nuevo, amigos de Zapatero! Al expresidente francés Sarkozy, caballero de la Orden del Toisón de Oro, se le ha condenado por haber recibido fondos del libio Gadafi para la campaña de 2007. Una debilidad de las democracias es que son muy caras.
El socialista Gerhard Schröder, después de salir de la cancillería alemana, fue contratado por la multinacional rusa Gazprom, a la que había favorecido con sus decisiones sobre la compra de gas ruso y la empresa financiera Rothschild. En ocasiones, la realidad parece un guión de una película mediocre de James Bond.
En 2022, un juez belga destapó un escándalo de corrupción en el Parlamento Europeo: varios políticos socialistas y empleados y familiares suyos aceptaban sobornos de Catar, Mauritania y Marruecos. La investigación avanza con sorprendente lentitud.
Por cierto, el régimen marroquí tiene fama de ganar voluntades con invitaciones a La Mamounia, en Marrakech, calificado como el mejor hotel de lujo del mundo. Algo similar hacía la dictadura cubana con sus invitados europeos y americanos, a los que grababa en sus visitas cuando tenían comportamientos, llamémosles reprochables, en las habitaciones de sus hoteles.
Miguel Sebastián nos ha dado otra prueba más de lo corruptas que son las élites occidentales, ésas mismas que no riñen porque votamos a la mega-extrema derecha o porque no aceptamos empobrecernos para detener el calentamiento global. Una Alianza de Civilizaciones unida en torno al soborno. Son sus costumbres, las de unos y las de otros, y nos dicen que hay que respetarlas.