Opinión

Puigdemont pone la españolidad otra vez de moda

Carles Puigdemont tiene muchos puntos negros: golpista, ergo delincuente, mal político y pésimo administrador —ahí está la deuda ciclópea de Cataluña—. Sin embargo, los españoles nunca le estaremos lo suficientemente agradecidos por su ímprobo trabajo en aras de la unidad de España. Gracias a su delirante declaración de independencia y al espectáculo ofrecido el 1 de octubre con el referéndum ilegal, nuestro país se ha unido como sólo lo había hecho durante el verano de 2010 con la victoria de la Selección Española en el Mundial de Sudáfrica. Este 12 de octubre, día de la Fiesta Nacional, ha supuesto la constatación definitiva de que la mayoría de esos más de 40 millones de españoles cierran filas en torno a su país.

Paradójicamente, el golpe de Estado en Cataluña ha tenido el efecto contrario al que pretendían los golpistas y España es hoy un país más cohesionado a tenor del comportamiento de sus ciudadanos, que han sabido dejar las comprensibles diferencias ideológicas en un segundo plano para defender el proyecto común que nos une desde 1978. De Barcelona a Madrid, pasando por muchos más lugares, la gente ha vuelto a salir a la calle como ya lo hiciera durante el pasado fin de semana. Sin complejos, ataviados con su bandera, y convencidos de la necesidad de reivindicar la pervivencia de la legalidad vigente.

Desde finales de septiembre —días antes de que se celebrara el referéndum ilegal en Cataluña— numerosos balcones de ciudades y pueblos están decorados con la bandera de España. También los edificios donde se ubican grandes empresas. Una declaración de intenciones en todos los órdenes y segmentos de la sociedad. Ante la amenaza de ruptura y chantaje de Puigdemont y sus compinches, la respuesta de los ciudadanos ha sido ejemplar por pacífica y unánime. Una respuesta que tuvo como resorte el discurso de Felipe VI, vitoreado este jueves en las calles de Madrid al igual que Policía y Guardia Civil, cuyos efectivos han trabajado con integridad para mantener la paz y el orden constitucional en Cataluña. Pueden seguir así, por tanto, los independentistas catalanes. Cuanto más traten de romper España, más la unirán.