Opinión

Puigdemont, listo para el taxidermista

Periodismo puro. El programa de Ana Rosa ’brought off the scoop’ —trajo un triunfo con la exclusiva— que decapita a ese farsante de Carlitos Puigdemont. Bastó un buen reportero como Luis Navarro y un buen cámara como Fernando Hernández para retratar al catalufo desde el móvil de su torpe esbirro Toni Comín, politicastro famoso por sus resbalones, que desveló en Lovaina lo que debía ocultar a toda costa: el hundimiento del “procés”. De lo cual se congratulan varios millones de catalanes que se sienten españoles.

Gracias a la primicia de los hombres de Ana Rosa, debemos dar por  muerto —políticamente hablando— al prófugo. Incluso habría que certificar su defunción y pasar a la fase de disecar a un ser, cuyo inútil fin, por constante, consiste en maldecir a España con mentiras propias de un mercader de Gerona. Si aún está más vivo que una rata, le recordaremos que anda bajo busca y captura en la península y territorios de ultramar. Tampoco la ruta del mejillón le va a servir de vía de escape infinitamente… Se apagó el futuro.

El biorritmo de WhatsApp que recibió Comín resume el bajón de la fregona Puigdemont, que susurra: “Estoy sacrificado”. Sus quejidos inundan la alegría de Bruselas. Tan mal razona, que ha alquilado una mansión en Waterloo para disfrazarse de Napoleón Bonaparte antes de admitir la derrota final. El expresident está para el arrastre. Los chicos de Ana Rosa lo han devuelto a esa avara burguesía cateta que le parió. La psiquiatría ve en él un caso irrecuperable y urge a que le embalsame un taxidermista experto en codornices.

Ahora iniciará su migración el derrotado. Duda entre esconderse en un oasis datilero del África salvaje o perderse de vista en una selva tropical de Sudamérica. Sea el destino que fuese, el huido ya se ha puesto mil vacunas, incluyendo la del beri-beri. Cualquier cosa, con tal de eludir las rejas que la esperan aquí. Los sueños artificiales que alimentó, como montarse en un ultraligero, alcanzar el Parlament y ser investido president, en plan Tarzán, se han convertido en sueños vanos. Su cobardía intrínseca le impide dar la cara.