Puigdemont es un golpista y encubrirle es un delito
Más allá de la ignominia que supone que un miembro del Gobierno, aunque sea en funciones, decida reunirse con un golpista prófugo de la Justicia, el encuentro en el Parlamento europeo entre la líder de Sumar, Yolanda Díaz, y Carles Puigdemont, adquiere una dimensión todavía más grave, pues no es exagerado afirmar que para garantizarse una eventual investidura de Pedro Sánchez el Ejecutivo está dispuesto a borrar todos los delitos de un fugitivo de la justicia española. La actitud del Ejecutivo en funciones no dista mucho, en esencia, de lo que el Código Penal califica como delito de encubrimiento, pues todos sus movimientos están orientados en lograr que Puigdemont eluda la acción de los tribunales para garantizarse así el apoyo de la formación golpista catalana.
Porque, no nos engañemos, la amnistía que está cocinando Pedro Sánchez no tiene otro objeto que su continuidad en la Moncloa, con lo que la fórmula elegida, amén de inconstitucional, es de una inmoralidad política superlativa. La amnistía no tiene cabida en nuestro marco constitucional, pero una amnistía a beneficio -a partes iguales- del que la recibe y del que la otorga es más grave todavía: estamos ante una indecencia democrática que no tiene precedentes y que quiebra de cuajo el principio de igualdad ante la ley, pues sólo se beneficiarán de la misma un puñado de golpistas y Pedro Sánchez. El grado de perversión democrática que supondría que el presidente en funciones revalidara su Gobierno degradando hasta el límite el ordenamiento jurídico no tendría parangón, por lo que no es exagerado en ningún caso afirmar que el encuentro de Yolanda Díaz con Puigdemont se enmarca de plano en esa estrategia de encubrimiento de un delincuente que está llevando a cabo el Gobierno. Y si a alguien le parece exagerado que hablemos de delito de encubrimiento, recordar simplemente que dicho delito, en sentido penal, es aquella conducta dolosa que realizan quienes, teniendo conocimiento de un delito, ayudan al autor del mismo a eludir la acción de la justicia. Más claro, agua.
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