Opinión

Plantilla de mediadores

Un Quim Torra fallido en todos los frentes vuelve a reclamar un mediador internacional para la cuestión catalana. Un ejemplo capcioso a mano es la mediación de los Estados Unidos –Clinton envió al ex senador George Mitchell- para llegar a los acuerdos del Viernes Santo en Irlanda del Norte. En el caso catalán se da una confusión extrema, como la hubo cuando también se requería una mediación internacional en el País Vasco. En el Ulster estaban implicados dos Estados –La República de Irlanda y el Reino Unido- y eso podía justificar una mediación internacional que ambas partes deseaban: Dublín debía reformar la Constitución eliminando los artículos que pedían la incorporación de los condados del Norte y Londres aceptaría en el Ulster un reparto de poder, bastante tribal, por cierto.

La comparación con la Catalunya de hoy es una alucinación porque no estamos en la búsqueda de un acuerdo entre dos Estados sino en el caso de un Estado soberano que tiene un sistema institucional –la Constitución de 1978 y el estatuto de autonomía, mucho mejor el primero que el segundo- para arbitrar, dirimir y sancionar sus tensiones. En el caso irlandés los condados del Norte en su día habían decidido no seguir el proceso independentista del resto de Irlanda y continuar formando parte del Reino Unido. Apareció una frontera. La República de Irlanda logró su independencia y, después de una guerra civil salvaje, comenzó su andadura como Estado. Los condados del Norte siguieron en el Reino Unido.

Ni la vertebración de España, incluso con sus disfunciones históricas, ni la propia dinámica de Catalunya tienen que ver con aquel proceso que llevó a la frontera entre Norte y Sur –ahora tan mentada con motivo del Brexit-, ni con el enfrentamiento de comunidades al modo de católicos y protestantes. Fue Otegui quien habló por primera vez de unionismo con connotación despectiva. Lo mismo quiso hacer el independentismo en Cataluña.

En la plantilla de mediadores internacionales en oferta hay de todo, casi siempre algún premio Nobel de la Paz en horas bajas y, como ocurrió en el Ulster, un topo, como el padre Alec Reid. En realidad, antes que mediador fue un mensajero de Gerry Adams, quien había estado al frente de la Brigada Belfast del IRA. El padre Reid –de la orden redentorista-  después de mediar en un secuestro perpetrado por el brazo militar del “Sinn Fein” -el secuestrado fue finalmente asesinado-, pasó a ser la voz de Gerry Adams. La purga sangrienta que Adams ordenó en el IRA para llegar a los acuerdos ahora tiene al “Sinn Fein” en primera fila de las elecciones irlandesas. Cuando en el País Vasco se recurrió a Alec Reid como mediador su versión del problema tenía un sesgo tenebroso. A saber si ya ha reservado billete para un vuelo a Barcelona –o Perpiñán-.

No es imposible que Torra tenga “in mente” el Tratado de Tordesillas que en el siglo XV, con posterior validación del Vaticano, pactó el reparto del Atlántico y del Nuevo Mundo entre España y Portugal. Siglos después, la ONU ha mediado –no siempre con fortuna- entre Estados en conflicto pero en general sus logros se circunscriben a la intervención en conflictos armados. Esa es también la posición de la Unión Europea: la no injerencia en problemas internos de los países-miembro. Pero seguro que, a cargo del contribuyente y como complemento de sus costosas operaciones internacionales de imagen, la Generalitat ya tiene en cartera una plantilla de mediadores dispuestos a dictaminar que la solución para Cataluña es dividir más y no suturar.