La parálisis del Gobierno golpea ya al empleo
La ralentización de la economía española es una realidad. Hasta los indicadores de quien mayor interés tiene en negar este hecho, el Gobierno de Pedro Sánchez, así lo confirman. Todos sus indicadores adelantados –Oferta de Construcción, Sintético del Sector Servicios, Sentimiento Económico, etc.– apuntan a la misma conclusión: la desaceleración ya ha comenzado. Y lejos de tratarse de una cuestión macroeconómica, el problema comienza a afectar al empleo de los españoles. Las cifras del paro desestacionalizado, que también acabamos de conocer, no sólo señalan que el desempleo ha subido de nuevo; en esta categoría son los peores datos de los últimos nueve años.
Ante semejante panorama, que contrasta con el optimismo de cuño oficial que promulga Pedro Sánchez, resulta imposible no acordarse de otro presidente socialista. José Luis Rodríguez Zapatero mantuvo en el año 2008 igual empeño en negar la llegada de la crisis. Lo nefasto de aquella actitud no merece otro calificativo que el de catastrófico. Bien es cierto que el escenario económico de España en 2019 es distinto, afortunadamente, al de hace una década. Entonces experimentamos un colapso en toda regla; hoy hacemos frente a una fuerte desaceleración.
Lo realmente inquietante es que pueden extraerse pautas comunes de conducta de los dos ejecutivos socialistas, tanto en el fondo como en las formas. A nivel de fondo constatamos un empecinamiento ideológico irremediable. Sánchez está empeñado en ejercer de pupilo de Zapatero, porque las pocas medidas que ha tenido la capacidad de implementar llevan el sello del intervencionismo Estatal y de la subida de impuestos. Y en cuanto a las formas de Sánchez, su política del avestruz y del optimismo por decreto, que tanto recuerda a Zapatero, no es la mejor manera de afrontar ninguna dificultad.
Siendo justos, en el caso de la actuación de Sánchez hay que señalar un tercer factor de índole netamente propia; nos referimos a la parálisis institucional en la que tiene sumido al país. El presidente socialista no puede sacar un Gobierno adelante, pero sí que tiene suficientemente acreditado su capacidad para detener el curso político. Y no tomar decisiones cuando hay problemas tal vez sea la peor decisión. En esta tesitura nos tiene Sánchez. Mientras tanto, España continúa viviendo de los presupuestos y de la excelente gestión económica de Mariano Rajoy; pero todo eco, por fuerte que este sea, termina por apagarse.
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