No a la guerra, sí al robo, sí a la corrupción
Sí a la compra fraudulenta por 7 votos golpistas de mi silla. Sí, a la compra también de votos ensangrentados para esa silla. Sí, al beneficio de lupanares y prostíbulos, y al acoso sexual. Sí a la indecencia. Quien es líder supremo de la corrupción y de la indecencia, quien es líder supremo de la antidemocracia y del ataque frontal a las normas básicas del Estado de Derecho, atacando la independencia judicial y prescindiendo del Parlamento, quien secuestra todos los contrapoderes y quien debe su silla al fraude corrupto para la compra espuria de siete votos y otros necesarios ensangrentados, no puede dar clases de nada.
No podría aparecer por ningún puesto de trabajo, tampoco podría ser entrevistado por nadie y, desde luego, no podría ser recibido en ningún lugar. Menos aún salir a la calle y disfrutar de prebendas públicas solo reservadas a personas con mínima responsabilidad y decencia en su trabajo.
Nos encontramos con un personaje, el primer ministro español, que es el paradigma de todo ello, aunque parezca que estamos contando una broma y parezca que todo ello es imposible de entender entre personas normales.
Lo peor es que, con este cuadro insólito, a fuerza de tenerlo a diario y que evidentemente creamos que es imposible que se dé, nos metamos a la fuerza en una película de ciencia ficción de la que ya no podamos salir, enjaulados, por quien quiere hacer cambiar hasta las normas más básicas de la naturaleza y que, donde esté nevando, nos haga obligatoriamente aceptar que no es así… que estamos nadando en una playa.
Y aunque parezca mentira este símil, se hace posible, al creer que estamos en una democracia europea del siglo XXI, pero en realidad absolutamente abducida y bloqueada. Totalmente secuestrada. Una democracia cautiva y desarmada, inmovilizada y sin protección posible.
Un primer ministro europeo que no tiene presupuestos desde hace tres años argumentando cualquier cosa, como por ejemplo que es una pérdida de tiempo al saberse sin mayoría para aprobarlos o ahora diciendo que la culpa es Irán.
Un primer ministro europeo que dice defender el derecho internacional, mientras es cómplice de un régimen narco comunista en Venezuela que está señalado por delitos de lesa humanidad por Naciones Unidas y que ha impedido, junto a Zapatero, que la heroica oposición, y al frente María Corina Machado y el presidente González Urrutia, ganadores de las elecciones, accedan al poder. Un primer ministro europeo cómplice de lo que ocurre en Cuba a diario, atacándose los derechos humanos permanentemente y sin querer denunciarlos jamás. Un presidente de Gobierno europeo al que le felicitan las organizaciones terroristas como Hamas y el régimen de los Ayatolás y que no ha dicho una sola palabra sobre los más de treinta y dos mil asesinados en Irán hace un mes, y tampoco dice esta boca es mía —al igual que sus socias feministas— con las vejaciones, violaciones, y asesinato de mujeres por no seguir normas despreciables e inadmisibles.
Alguien que se escuda en un «no a la guerra», pero también en un «sí al robo», un «sí a la corrupción», un «sí al beneficio de lupanares», un «sí al acoso sexual en su gobierno, partido y en Moncloa», un «sí a la compra corrupta de 7 votos», un «sí a la indecencia». Quién ataca frontalmente la democracia a diario vilipendiando al poder judicial, quién ataca al rule of law de Europa forzando el mismo y «su» presidente del Tribunal Constitucional al TJUE en un comportamiento mafioso y corrupto para lograr una sentencia espuria sobre la amnistía y aferrarse así al poder como Maduro y pretendiendo que cualquier nuevo primer ministro europeo acceda al poder fraudulenta, corrupta y delictivamente, tal y como él ha hecho.
Alguien que se permite dictaminar lo que es odio o no…. quién está trabajando a diario para la división y enfrentamiento de los españoles. Un ayatolá fanático que dictamina lo que está bien o mal, siendo él la sublimación del paradigma de la perversión y del mal.
Pedimos a las Instituciones Europeas una inmediata y contundente denuncia pública de un primer ministro español que está rebosando corrupción y ataca frontalmente a diario, en modo golpe de estado de última generación, a su propia nación, y ello supone, por tanto, atacar directamente la democracia europea. No pueden las instituciones europeas aceptar un minuto más esta indecencia descomunal que ensucia a dichas instituciones y somete a los ciudadanos europeos a la más absoluta indignidad.