Opinión

Las nevadas y el fracaso del socialismo

Con ocasión de las nevadas soportadas estos días en el centro de la península, hemos asistido a una nueva polémica de gran carga ideológica. La presidenta regional de Madrid pedía voluntarios para limpiar de nieve sus calles, casi ninguna de las cuales resulta todavía circulable. Al momento, los trolls de la izquierda estallaban en las redes sociales atacando a la presidenta pidiendo que se contrate gente (que se aumente el gasto público por tanto), en lugar de admitir colaboración voluntaria. El periódico comunista Público daba cuenta de la polémica, procurando agitar los ánimos.

Para valorar correctamente la polémica, habría que recordar algunas cifras significativas sobre el número de empleados públicos y el déficit presupuestario. Según los últimos datos, el número total de empleados públicos dados de alta en España supera los 2,7 millones.  A ellos hay que sumar casi un millón de funcionarios acogidos a MUFACE, algo más de 360.000 militares y los más de 58.000 funcionarios de la Mutualidad General Judicial. Sumado todo lo cual superamos los 4 millones de personas trabajando para las diferentes Administraciones. Todo ello en un Estado que va a superar el 8% de déficit este año (y Bruselas estima que también el que viene). En este contexto, si seguimos con presupuestos expansivos en contrataciones, habrá que seguir subiendo los impuestos. Con ello el mercado no se recuperará nunca, pues la gente no tendrá dinero para gastar. Por cada nuevo empleado público que se cree, se podría decir que se impide la salida del paro a una o varias personas más (en 2020, por cada nuevo empleado público se han generado 5 parados –regla que no será aplicable con carácter general, pues responde a la pandemia, pero los economistas sabrán decirnos cual es la relación exacta-).

Desde estas cifras debemos abordar la cuestión de fondo: el Estado-providencia es y será insuficiente, por mucho que logremos hacerlo eficiente. El demostrado fracaso científico y técnico del socialismo nos enseña que el Estado debe asumir sus límites. Ante tal evidencia, caben dos opciones: o caminar hacia el error, conduciéndonos a todos a la ruina, como pretenden los comunistas patrios; o plantearse un giro, iniciando reformas que reduzcan el gasto, y por tanto el número de empleados públicos. Pero para ello hay que asumir que el Estado nunca va a llegar a cubrir todas las necesidades que se planteen, y menos en situaciones de fuerza mayor como la que hemos vivido estos días.

Cada día me resulta más insoportable la cascada de peticiones de colectivos de todo tipo, reclamando que el gasto público solucione sus problemas. La realidad muestra que, aunque suelen lograr partidas presupuestarias, estas siempre son insuficientes, de modo que siempre se requiere poner de su parte. Con los problemas que no se solucionan necesariamente con dinero, como la nieve, pasa más o menos lo mismo. La nieve es una certera metáfora de lo que es el Estado ante la vida: por buena que sea la respuesta estatal, solo tendrá su calle, su acceso, su casa limpia… quien, además de lo que haga la quitanieves, limpie algo por sí mismo. Esto requiere que nos planteemos que determinadas situaciones necesitan de voluntarios, y que toda situación requiere de responsabilidad individual.

Estas mismas ideas pueden aplicarse a cualquier otro campo de la organización vital en el que interviene o pueda intervenir el Estado: los problemas (como la nieve) no van a desaparecer por bien que lo haga la Administración. Si no se asume una actitud combativa y responsable, tal vez haya mucho Estado, pero los problemas más bien tenderán a crecer. La nevada es una ocasión más para comprobar que el socialismo ha fracasado y descartarlo como solución.