Opinión

Negrero Marlaska

No hay que ser un lince para concluir que la Guardia Civil no es santo de devoción del ministro Marlaska, tal vez porque los altos valores que encarnan la Benemérita y sus agentes están en las antípodas del contexto vital del ministro de Interior, empeñado a toda costa en dispensar al Instituto Armado un trato indigno, un día metiendo a los guardias civiles en inmundos barracones, otro sometiéndoles a labores vejatorias y, siempre, aprovechándose de su probado sentido del deber.

El último ejemplo de la probada inquina del ministro ha tenido lugar en Ceuta, donde los agentes de los Grupos de Reserva y Seguridad han sido obligados a realizar jornadas de 16 horas, una situación de sobrecarga laboral que se está produciendo pese a que actualmente no hay saltos masivos de inmigrantes ilegales. A los guardias civiles se les impide la recuperación entre turnos, física y mental, lo que obviamente pone en riesgo la seguridad del servicio y la propia integridad de los agentes, ya que tal acumulación de horas de trabajo impide que puedan ejercer sus labores en plenitud de facultades.

Vamos, que si en lugar del Ministerio de Interior fuera una empresa la que obligara a sus trabajadores a realizar jornadas de 16 horas el Ministerio de Trabajo de Yolanda Díaz ya habría mandado al cuerpo de inspectores. Y es que una directiva europea establece que el descanso diario debe ser como mínimo de 11 horas.

Además, la normativa de la Guardia Civil impone recuperación suficiente tras turnos, protección de la salud y prevención de riesgos, entre otras cosas. Nada de esto se está cumpliendo. Los agentes denuncian que sufren «un régimen de esclavitud laboral sin motivo aparente» y critican que «la protección de la frontera se haga a costa de la salud del personal». Son en total 50 agentes desplegados desde otras partes de España los que sufren el comportamiento negrero de Marlaska. Tal vez la actitud del ministro obedezca al hecho de que son guardias civiles.