Los maestros independentistas catalanes que se jodan
Los maestros catalanes hicieron huelga el miércoles. Piden más sueldo, bajar el número de alumnos por clase, complementos económicos y menos burocracia.
Excepto en el último punto, con el resto que se jodan. Y digo el último en solidaridad con los payeses. Un día salió uno -creo que por Antena 3-, al que Bruselas le exigía enviar a qué hora iba a labrar. El pobre lo hacía en un campo al que ni siquiera llegaba internet.
Hasta cortaron las rondas, cosa que nunca deberían hacer porque tendrían que ser ejemplo para el alumnado. Aunque, en Cataluña, eso de cortar carreteras, incluso autopistas, se puso de moda durante el procés. Todos creen que la suya es una causa justa y que vale la pena.
Pero déjenme decirles que no me dan ninguna pena. Los maestros, junto a intelectuales (sic), historiadores y periodistas, resultaron ser uno de los puntales del procés.
El 28 de septiembre del 2017 fueron en peregrinación a Palau más de 700 personas para entregar simbólicamente las llaves de escuelas e institutos a Puigdemont con el fin de poder celebrar el referéndum del 1 de octubre.
Y aquella noche, muchos abrieron los centros públicos y pasaron la noche en ellos para poder utilizarlos como colegios electorales. Cuando fueron los Mossos, el mal ya estaba hecho. Aunque tampoco es que la Policía de la Generalitat pusiera mucho empeño en hacer su labor.
Por eso, ahora no me dan pena alguna. Que la educación catalana está hecha una mierda lo sabemos desde hace tiempo. A pesar de que la Generalitat nos ha dicho durante treinta años que era un «modelo de éxito» envidiado hasta por la Unión Europea.
Y los maestros lo sabían. Eran los que estaban en primera línea. En vez de alzar la voz, callaron. Mis hijos han ido a un colegio público y con un elevado porcentaje de inmigración. O sea que sé de lo que hablo.
Porque es evidente que si llega un niño hablando urdú o árabe a mitad de curso, él tendrá que hacer un esfuerzo enorme para aprender no una lengua, sino dos: catalán y castellano; pero necesariamente ello repercute en el rendimiento del resto de la clase. Imaginen, además, si viene más de uno.
Muchas escuelas son ya escuelas gueto. Como los hermanos tienen más puntos para entrar, acaban siendo minoritarios los autóctonos. Al fin y al cabo, las mujeres magrebíes tienen tres o incluso cuatro hijos. Las de aquí, con suerte, solo uno. Dos, como mucho.
Pero esto tampoco lo decían o se escondía la realidad. Preferían utilizar eufemismos como la «diversidad de las aulas». El primero que admitió el impacto de la inmigración en el sistema educativo fue un alto cargo de la consejería tras el último informe PISA. Sin embargo, medios progres como La Sexta o El Periódico pusieron el grito en el cielo y le dieron un toque.
Hasta que al final, la propia titular del departamento, Anna Simó, de Esquerra, tuvo que admitirlo con la boca pequeña en octubre del 2023. «La complejidad cultural y social en las aulas explica los malos resultados», reconoció en una entrevista.
Lo peor de todo es que las decadencias empiezan por la educación. Por eso los griegos y los romanos llegaron tan lejos. Imaginen tener a profesores como Platón o Aristóteles.
En cambio, aquí la demolición ha sido desde dentro y desde arriba. Han participado todos: autoridades, sindicatos, profesores, padres de alumnos y, por supuesto, los sucesivos gobiernos.
El progresismo —o el falso progresismo, porque todos estamos a favor del progreso— ha hecho mucho daño. Acuérdense de Zapatero y aquella asignatura denominada Educación para la Ciudadanía. A los menores hay que enseñarles deberes antes que derechos.
La última vez que fui a protestar a la dirección del colegio público de mis hijos fue con ocasión del festival de fin de año. Le habían cambiado el nombre: ya no se llamaba Festival de Navidad, sino Festival de invierno. Y en vez de cantar villancicos, cantaron «canciones del mundo». Hasta una polka polaca.
La directora me dijo que si no estaba de acuerdo, que los llevase a la privada. Salí desencajado del despacho. «Por uno que todavía cree en la escuela pública —pensé— y lo tratan así».
Temas:
- Cataluña
- Profesores
Lo último en Opinión
Últimas noticias
-
Cortocircuito de González Fuertes: tarda ¡seis minutos! en anular un gol al Barça por un lío con el VAR
-
Cómo va el Atlético de Madrid – Barcelona, en directo online | Resultado y goles en vivo de las semifinales de la Copa del Rey hoy
-
Dónde ver hoy en directo el Atlético de Madrid – Barcelona en vivo y online por TV la semifinal de la Copa del Rey online
-
LA ANTORCHA | ¿Abascal o Sánchez?: Guardiola en su laberinto de Extremadura
-
El Rayo Vallecano – Atlético de Madrid de Liga se jugará en el estadio de Butarque de Leganés