Opinión

Madrid Economic Forum: la generación de la Libertad

Durante años nos dijeron que el liberalismo era un recuerdo respetable. Una doctrina académica, tal vez inspiradora, pero irrelevante en la política real. Se estudiaba en seminarios, se citaba en columnas, se discutía en facultades de economía. Pero en la práctica, casi todos los gobiernos del mundo obedecían una misma lógica: más Estado, más gasto, más regulación. Siempre. Porque parecía que nadie se atrevía a cuestionar el dogma de que la política debía decidirlo todo.

Ese consenso se nos vendió como inevitable. Como natural. Como inmutable.

Hasta que dejó de serlo.

Este fin de semana Madrid vuelve a acoger el Madrid Economic Forum, y su éxito anterior —más de siete mil asistentes— es mucho más que un número. Lo verdaderamente significativo es quién llena esas salas: Jóvenes. Estudiantes, emprendedores, profesionales que no aceptan de manera pasiva que el relato oficial del crecimiento del Estado sea el único posible. Gente que se levanta y pregunta, molesta, incomoda y exige respuestas. Y lo hacen a través de una iniciativa privada, sin el concurso de ningún partido político, como una necesidad que surge espontáneamente de la propia sociedad.

Porque esta generación ya no traga con discursos paternalistas. Ha visto cómo suben los impuestos mientras se prometen derechos que no llegan. Ha comprobado cómo la burocracia devora oportunidades y cómo las promesas de prosperidad se deshacen en deudas y déficits, cómo se juega con su futuro y su estabilidad económica. Y ha decidido no quedarse callada.

Es en ese escenario donde emerge una figura que ha sacudido el tablero internacional: el presidente argentino Javier Milei. (invitado especial en las dos ediciones del Madrid Economic Forum)

Milei no juega al liberalismo como juego intelectual. No recita teorías ni cita autores para adornar un discurso vacío. Milei aplica el liberalismo como programa político. Reducción del Estado, eliminación de privilegios, devolución del poder a la sociedad. Y lo hace con la claridad y la audacia que muchos gobiernos europeos parecen haber olvidado: sin eufemismos, sin concesiones, sin miedo a incomodar, con el arrojo que da defender lo correcto, lo justo, lo moral.

Ese es el cambio histórico que pocos quieren reconocer. Porque cuestionar el tamaño del Estado es cuestionar estructuras de poder que llevan décadas funcionando, que se han acostumbrado a la obediencia silenciosa de los ciudadanos y que temen la libertad más que a la propia crisis económica.

Milei demuestra que sí se puede. Que se puede desafiar el statu quo. Que se puede poner la libertad económica en el centro de la política real, sin maquillajes ni medias verdades. Y esa es la razón por la que su figura despierta pasión y alarma a partes iguales: porque obliga a mirar la realidad de frente, sin filtros ni excusas, y deja a la clase política en vergonzosa evidencia.

El Madrid Economic Forum se convierte así en algo más que un congreso. Es un espacio donde la curiosidad intelectual se mezcla con la rebeldía, con el empeño y con la lucha por el respeto al individuo, donde los jóvenes descubren que las preguntas incómodas no son tabú. Que se puede cuestionar al poder, a la narrativa oficial, a la idea de que el Estado sabe más que la sociedad. Y que, cuando esas preguntas se plantean en serio, los consensos que parecían eternos se resquebrajan y van dejando hueco a la luz de la verdadera soberanía, la individual.

Hoy, en Europa y en el mundo en general, millones de jóvenes se preguntan: ¿hasta qué punto nuestra libertad puede ser sacrificada sin consecuencias? ¿Cuánto Estado es demasiado Estado? ¿Estamos dispuestos a vivir bajo un poder que nos dice cómo pensar, cómo producir, cómo gastar o cómo vivir?

Si todavía alguien cree que la política es un teatro inofensivo de gestos y discursos vacíos, que observe a Milei y a los jóvenes que llenan las salas de Madrid. La política vuelve a ser peligrosa para los acomodados, porque vuelve a tener un principio rector: la libertad. Y eso no admite medias tintas.

El liberalismo ya no es una idea abstracta. Es un desafío. Y aquellos que crean que pueden ignorarlo se despertarán un día con sociedades que no obedecen más, con generaciones que no aceptan la mediocridad y con líderes dispuestos a romper las reglas establecidas.

La libertad ha regresado al centro de la política. Y viene a reclamar lo que siempre fue suyo: todo.

«¡VIVA LA LIBERTAD CARAJO!»