Opinión

La UE advierte del peligro populista

Bruselas no quiere nuevos incendios tras una recesión que, de manera más o menos severa, se ha apoderado de toda la zona euro durante los últimos años. La Comisión Europea ha advertido al Gobierno portugués de que sus presupuestos son poco creíbles y que no están dispuestos a transigir con nada que ponga en peligro la estabilidad económica en el continente. El Ejecutivo de Antonio Costa, que ha sufrido la primera huelga el pasado 29 de enero, había presentado un contrasentido en sus cuentas: de un lado, pasar la pesada página de la austeridad; del otro, reducir el déficit público que está en un 2,6% de su producto interior bruto.

Costa, aupado por una débil coalición con la izquierda radical, ha encontrado un rechazo casi frontal de la Comisión que le pide un recorte de la deuda de 0,6 puntos mientras que él sólo ofrece un 0,2. Una intención que va en sentido contrario a los planes de la troika (FMI, UE, BCE) que considera perentorio que Portugal cumpla con sus deberes y así no ser un lastre para el resto de Europa. Un modelo ineficaz de gestión que, ensimismados en su inopia habitual, pretendían copiar tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias.

La ‘solución portuguesa’ se demuestra fútil ante la Comisión Europea, que quiere hacer de la estabilidad de sus países el principal aval de cara a los inversores. Algo con lo que colaborará el Banco Central Europeo. Su presidente, Mario Draghi, ampliará los estímulos monetarios el próximo mes de marzo. Estímulos que no serán a cualquier precio ya que desean evitar un nuevo caso como el de Grecia donde el populismo de Alexis Tsipras —amigo e inspiración de Pablo Iglesias— no sólo logró la nada más total sino que además aplicó un pensionazo a los ciudadanos helenos con recortes de hasta el 35%.

España no debe seguir, bajo ningún concepto, esta senda de desvarío económico ya que chocaría de frente con quien, hasta el momento, ha avalado nuestro espectacular crecimiento, previendo incluso que nuestra economía crecerá más que ninguna otra en Europa durante los dos próximos años. Unos augurios que hay que consolidar lo antes posible con un Gobierno estable, contrario a experimentos tan peligrosos como los que han condenado a la miseria a Grecia y que ahora ponen el foco de la sospecha sobre la unión de izquierdas en la que naufragan nuestros vecinos portugueses.