Opinión

Lobo independentista con piel de cordero demócrata

Roger Torrent es un lobo independentista con piel de cordero demócrata. El tono conciliador de su discurso tras ser elegido presidente del Parlament no puede enmascarar la realidad. Fueron sólo palabras vacuas y retórica de cara a la galería. Uno no se acuesta «diputado de la República catalana» —como ponía en su cuenta de Twitter— y se levanta leal a la Constitución española. Sus acciones pasadas y presentes lo delatan. Torrent participó en el asedio a la Guardia Civil en la Conselleria de Economía. Un hecho que ha llevado a la cárcel a los dirigentes de ANC y Òmnium, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart. Sólo con ese precedente debería estar delante de un juez dando explicaciones más que presidiendo la Cámara autonómica de Cataluña.

Albert Rivera ha dado este jueves un aviso a este respecto que debería ser considerado muy en serio por el resto de fuerzas constitucionalistas. El presidente de Ciudadanos, conocedor como pocos de la historia reciente de la política catalana, ha dicho que si «creen que Torrent es conciliador, no le conocen». Roger Torrent no es una suerte de diplomático comprometido con hacer cumplir la legalidad vigente como han tratado de presentarlo durante los últimos días en distintos foros. Más bien, todo lo contrario. Cachorro de la cantera de ERC, ha llegado a asegurar que su objetivo político es «desarrollar la República sin pedir permiso». Un radical convencido de que el único fin de Cataluña es la independencia.

No obstante, no sólo el pasado delata a Torrent. Resulta cuanto menos paradójico que una de sus primeras acciones como presidente del Parlament vaya a ser visitar al huido Carles Puigdemont en Bruselas. Un prófugo de la justicia que quiere seguir hacia delante, y en la distancia, con la deriva secesionista. Si Torrent creyera de verdad en la ley, trataría de buscar una opción diferente a la del expresident. Además, sigue denominando a Puigdemont como «president», cuando sabe de sobra que ni podrá ser investido de manera telemática ni tampoco en España, ya que en cuanto pisara suelo patrio iría directamente a la cárcel. El Gobierno, por tanto, debe estar muy atento a los movimiento de Roger Torrent. No pueden consentir que el lobo esconda sus verdaderas intenciones entre la credulidad del rebaño.